Las investigaciones que se realizan por las aportaciones a partidos políticos y sobornos a funcionarios públicos y árbitros peruanos por parte de la transnacional Odebrecht, el Club de la Construcción, grupos corporativos y otros han puesto a la luz pública el modus operandi de empresarios y funcionarios corruptos para hacerse del dinero público y someter los gobiernos a sus intereses.

Y si bien la Fiscalía está investigando estas conductas, hasta ahora los mayores reflectores están colocados sobre los expresidentes, líderes políticos y funcionarios, pero se necesita prender también los reflectores sobre los empresarios. La corrupción es de doble vía: corrupto y corruptor. No hay funcionario corrupto si no hay empresario corruptor; y no hay empresario corrupto si no hay funcionario corruptor.

Pero no basta con el trabajo del Ministerio Público y la sanción del Poder Judicial. Es urgente cerrar las puertas, ventanas y grietas —que ­han sido evidenciadas y las que pueden y  deben detectarse— de los sistemas que han sido violentados para prostituir el Estado: de contrataciones de bienes, servicios y personal, del arbitraje.

Así como se han planteado reformas para el sistema político y electoral, de la misma forma es urgente que se planteen las reformas que le cierren el paso a la corrupción, de lo contrario de acá en un tiempo volveremos a contarnos la misma historia.