Germán Vargas Farías

Ni empate técnico, ni equilibrio estratégico. La situación política en nuestro país está tan cargada y confusa que a estas alturas nadie se atreve a presagiar el desenlace. No estamos frente a dos candidatos empatados en el primer lugar en las encuestas, ni se puede hablar de un equilibrio de poderes que asegure la paz y la gobernabilidad en el país. Si nos atenemos al comportamiento de la mayoría en el Congreso, ser optimista puede parecer insensatez.

Mostrar los dientes no resuelve nada. La confrontación es clara y los actores se van alineando como si se tratase de la última guerra de un ‘juego de tronos’ donde importan más los intereses de grupo que el desarrollo del país. El cierre del Congreso demandado por la mayoría de la gente en las encuestas es, sin embargo, una alternativa costosa, y la vacancia presidencial que anuncian Mulder y otros no son más que bravatas, además de necias, realmente suicidas. En ese escenario, lo mejor es el adelanto de elecciones.

Vale la pena intentarlo. Se puede decir, como afirma Fernando Rospigliosi, que es un gesto para las tribunas, pero siempre es posible dialogar. La reunión de ayer entre el presidente de la República, Martín Vizcarra, y el presidente del Congreso, Pedro Olaechea, ha sido -según el premier Salvador del Solar- “cordial, transparente, franca y productiva”. Si al menos diera lugar a una relación fluida y respetuosa entre las principales autoridades del Congreso y del Poder Ejecutivo, habría servido de algo.

Con la gente y ¿sin plan b? Desde distintas tribunas y medios, Mario Ghibellini y Augusto Álvarez Rodrich le reprochan al presidente Vizcarra plantear una medida como el adelanto de elecciones (que Ghibellini rechaza, y Álvarez Rodrich respalda), sin tener un ‘plan b’. La explicación puede estar en que, como analiza Alfredo Torres de Ipsos Perú, a Vizcarra no le quedaban alternativas. Se la ha jugado por una iniciativa que tiene respaldo mayoritario en la ciudadanía pero que perturba el establishment. Al hacerlo ha perdido aliados políticos, pero su relación con la gente se ha afianzado y puede ganar mucho más.

El plan b, está en las calles. Lo he dicho ya en esta misma columna. El entrampe se resuelve con la movilización, en las calles, haciéndonos cargo. Lo escribió ayer Jorge Bracamonte, secretario ejecutivo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos,   “nos toca volver a las calles en defensa de la democracia y por una salida que devuelva el Estado a las personas, a sus necesidades y a su aspiración de vivir con dignidad y justicia plenas. De ningún modo podemos mirar los acontecimientos desde el balcón. La resolución de crisis marcará el derrotero de nuestras vidas en los próximos años. Por ello las y los exhorto a multiplicar esfuerzos para organizar, participar y contribuir a la Jornada de Movilización Ciudadana el próximo jueves 05 de septiembre que debe ser contundente en todo el país”.

Jugamos Todos. El eslogan de la campaña que animó los recientes Juegos Panamericanos y Parapanamericanos Lima 2019, tuvo el propósito de incentivar a todos a sumarse a tan importante evento deportivo. La crisis política, social y moral que enfrentamos hoy nos convoca a todos. La situación es tan grave que si no ‘jugamos’, si no nos movilizamos, los grupos de poder económico, cómplices de la corrupción y anti-derechos seguirán jugando con nuestro país, y con nosotros.

«El entrampe se resuelve con la movilización, en las calles, haciéndonos cargo»