Germán Vargas Farías

No lo había escuchado o leído antes, y nunca se me hubiera ocurrido, lo reconozco.  Casi 150 mujeres han sido víctimas de feminicidio en el Perú en lo que va del 2019, el año pasado fueron 149, y tenía que aparecer un candidato fujimorista al Congreso para revelarnos la forma para acabar con esa alarmante situación.

“Todo pasa por un modelo de educación en el que el hombre entienda que no solamente es igual a la mujer, sino que, por ser más fuerte, también la tiene que proteger. Ese es un enfoque que no se ha tratado mucho. […] Entonces, no es solo una cuestión de igualdad”, dijo ayer el candidato Ricardo Vásquez Kunze, en entrevista en RPP.

Para que no quede duda sobre el sentido de su propuesta, añadió que es necesario educar a los varones a “tener una responsabilidad para proteger a la mujer en cualquier situación desventurada”, y completó su idea afirmando que “la caballerosidad de antes tiene que regresar”, pues, un caballero es quien “protege a la mujer de los ataques y las agresiones”.

Tan simple y no nos habíamos dado cuenta. Vásquez Kunze, hasta hace poco jefe del Fondo Editorial del Congreso, y célebre por haber sido el primer analista político en la historia de nuestro país que “enmudeció” frente a cámaras, es decir, no quiso opinar, en un programa al cual fue invitado para hacerlo (solo porque los resultados electorales que se daban a conocer no favorecían a su candidata, Keiko Fujimori), resulta que conocía el modo de detener los feminicidios y no había dicho nada hasta ahora.

Un proverbio indio dice “cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”. Lo conoce Vásquez Kunze, estoy seguro, e hizo bien en quedarse callado cuando supo que Pedro Pablo Kuczynski era el ganador de las elecciones. Lo que no entiendo es por qué no hizo lo mismo en la entrevista de ayer. Si no tienes nada que decir, debes aprender a resistir la tentación de decirlo.

El problema de la caballerosidad, como remedio, es que “enmascara la discriminación hacia las mujeres con conductas de protección y cuidado”. Lo dice María Lameiras, doctora en psicología, coautora de varios artículos académicos y responsable de un estudio sobre el sexismo moderno en adolescentes. Su trabajo, basado en entrevistas a 406 chicas y chicos de 12 a 16 años, permite identificar cómo los estereotipos de género influyen en las y los adolescentes.

Lo que subyace en una propuesta como la de Vásquez Kunze es lo que se denomina sexismo benevolente, conductas que representan a las mujeres “como seres inferiores y por tanto necesitadas de la protección y cuidados masculinos”.

Más allá de las buenas intenciones, aparentes o reales, un entorno sexista benevolente resulta pernicioso porque edulcora el status quo desigual y nos hace menos conscientes sobre la urgencia de cambiarlo.

Así que, no es el regreso de la caballerosidad lo que tenemos que demandar sino un trato igualitario y respetuoso que no debe entenderse como un acto de generosidad o cortesía. Es un derecho.

Vásquez Kunze se refiere en un artículo reciente a personas que manifiestan una auténtica ingenuidad. Es posible que ese sea su caso, y no se dé cuenta de lo tramposa que puede ser su propuesta. Pero dice, él mismo en su escrito, que esa auténtica ingenuidad es la que tienen los tarados. Es posible que ese sea su caso.

«El problema de la caballerosidad, como remedio, es que “enmascara la discriminación hacia las mujeres con conductas de protección y cuidado»