Germán Vargas Farías

El abuso es siempre reprobable, pero es aún más abominable cuando se realiza utilizando a Dios como coartada.

He leído el libro La Fe no Abusa, guía para la identificación, prevención y denuncia del abuso religioso en comunidades de fe, publicado por Paz y Esperanza, y me parece un excelente recurso en perspectiva de cumplir y demandar, a quienes se dicen creyentes, el cumplimiento del mandamiento que dice “No tomarás el nombre de Dios en vano”. En estos tiempos, como en el pasado, hay que decir enfáticamente que no se puede ni debe usar el nombre de Dios para hacer el mal.

Valoro el libro escrito por Alejandro Rivas Alva, con la colaboración de un grupo de especialistas y líderes de iglesias, por varias razones. Una de ellas es que se basa en casi 25 años de servicios a víctimas de abuso sexual y violencia familiar, y en la experiencia de participación eclesial en diversas comunidades de fe.

No es, pues, un texto elaborado por adversarios de las iglesias, ni por personas que desdeñen la trascendencia de la fe. Se ha escrito desde adentro, por creyentes que reconocen la influencia de pastores, sacerdotes y religiosas cuyas vidas han sido, y son, realmente inspiradoras.  Personas que entienden que el buen testimonio no tiene nada que ver con la apariencia o la mentira, si no con vivir, encarnar, lo que se predica.

También me parece valioso el libro porque define y describe las cosas como corresponde. El abuso religioso es violencia perpetrada por personas que tienen poder en sus iglesias, y su autoridad la ejercen dañando a otras personas. No se trata, por desgracia, de situaciones excepcionales. Abuso religioso es hablar de un uso destructivo y violento del poder y, se dice, es más común y silencioso de lo que pensamos. Por eso la importancia de identificarlo, prevenirlo y denunciarlo.

Un aporte excepcional, me parece, es que la guía es efectivamente eso, y ofrece pautas para la acción y el cambio.

Si se quiere prevenir el abuso religioso se debe establecer procedimientos internos e imparciales que permitan denunciar de forma pertinente situaciones y conductas de violencia o abuso, contar con protocolos o rutas internas para saber qué hacer cuando ocurran, organizar espacios de escucha para las personas afectadas, ofrecer capacitaciones que permitan identificar casos de abuso, entre otras actividades. Siempre será mejor si se hace con la participación de toda la congregación.

Tan importante como ello será estar alerta y denunciar todo aquello que afecte la dignidad de las personas. Ocultar el mal contradice el buen testimonio, y de ninguna manera se debe renunciar a ejercer la libertad de pensar, criticar y tomar las decisiones que se estime mejor para sí misma.

Particularmente valioso me parece que el libro se ocupe del abuso religioso que se perpetra contra niños, niñas y adolescentes. Pretender educarlos en la fe sin respeto por su autonomía y subestimando su capacidad para ser partícipes y protagonistas de su propia formación, es abuso religioso.

Es pernicioso que se utilice la enseñanza religiosa para controlar y dominar a los niños, y obligándoles a participar en rituales religiosos que no les interesan, aceptan o comprenden.

El abuso religioso afecta la salud, autoestima y capacidad reflexiva y crítica de los niños, niñas y adolescentes, y el daño que provoca perdura.

He querido referirme a este tema en esta columna para compartirles también que quienes deseen tendrán la oportunidad de asistir a la presentación del libro en Huánuco. El 12 de marzo, a las 7.00 pm, en la Iglesia Evangélica Peruana Paucarbambilla – Amarilis (Jr. Cucardas 231 – Huánuco); y el 13 de marzo, a las 10.00 a.m. en el auditorio de la Facultad de Psicología – Universidad Nacional Hermilio Valdizán – Huánuco (4to piso).

Este es un asunto trascendente, y no solo para quienes participan en comunidades de fe. Se trata de un asunto de fe, sí,  pero también es un asunto de dignidad y de derechos.

« Es pernicioso que se utilice la enseñanza religiosa para controlar y dominar a los niños»