La reforma electoral de nuestro país pasa primordialmente por fortalecer los partidos políticos. Y si bien ya existe la Ley de Partidos Políticos, la experiencia revela que hay que ponerle candado desde otros lugares para que los dirigentes políticos no le sigan sacando la vuelta sin pudor alguno.

La no reelección de congresistas, alcaldes, gobernadores regionales y presidente de la República es un paso importante para fortalecer los partidos políticos, como el filtro que deben cumplir entre la sociedad y el poder.

Hasta ahora los partidos políticos y movimientos regionales son grupos privados, la plataforma electoral de su fundador, el mercado donde se puede comprar la vacante para candidato. Como cualquiera con dinero puede ser candidato, ahí están los resultados: Los mamani, los comeoro, los comepollo, los robacable, los rateros de gasolina, etcétera, etcétera, gobernando el país.

Y el dueño del partido, es el único con derecho a postular al más alto cargo. Antes de él, nadie; después de él, nadie. Y así el caudillismo y la corrupción política florecen desde antes de ser elegido.

La alternancia en los cargos debe obligar a los partidos políticos a la renovación de sus cuadros políticos, a prepararlos para gobernar; a plantear proyectos políticos y no proyectos personales, como ahora ocurre (si quieres ser candidato a presidente de la República o presidente regional, forma tu partido o movimiento). Ya ven que por ahí comienza la reforma política.