Germán Vargas Farías

La designación de Salvador del Solar como primer ministro ha sido saludada y, también, criticada desde diversos sectores.

De un lado se le reprocha por “falta de capacidad de gestión”, por su “inclinación caviar” y hasta por ser –según la fujimorista Alejandra Aramayo- “una persona muy adusta, que contraviene lo que se ve en televisión”; y del otro -y haciendo memoria- se le cuestiona por presuntamente ceder a la presión fujimorista, responsabilizándolo por la renuncia de Guillermo Nugent a la dirección del LUM y, también durante su gestión como ministro de cultura, por favorecer al cine y no a otros espacios y componentes de su sector.

Se le objeta, es verdad, también por otras “razones”, pero creo haber resumido las más reiteradas entre algunos comentaristas y políticos. Sin embargo, aún entre estos hay dos cualidades que se le reconoce al nuevo presidente del Consejo de Ministros, que son bastante escasas en la política peruana: honestidad e inteligencia. A ver dígame, ¿de cuántos políticos y políticas se puede decir lo mismo en nuestro país?

Incluso Aldo Mariátegui, uno de los articulistas más desprovistos y obsesivos que se conoce, pero también de los más leídos, ha dicho que Salvador del Solar “es un tipo decente y bienintencionado”, parecer que mantiene desde diciembre de 2016 cuando se refirió al entonces recién designado ministro de cultura como “un tipo inteligente, preparado, simpatiquísimo, y con mucho don de gentes”.

Claro que, para Aldo, del Solar más caviar y “políticamente correcto” no puede ser, pero ya sabemos que para él son “caviares” también el Papa Francisco, y el mismísimo Miguel Grau a quien detesta por haber sido “políticamente correcto”, y ponerse a salvar chilenos sobrevivientes después del combate.

Como se ha referido, Salvador del Solar fue ministro de Cultura desde el 5 de diciembre de 2016 al 27 de diciembre de 2017, de modo que alguna experiencia de gestión tiene, y si renunció fue por su discrepancia con Pedro Pablo Kuczynski, en particular por el indulto otorgado al ex dictador Alberto Fujimori.

Quiero decir, entonces, que si además de inteligencia y decencia el primer ministro sigue demostrando claridad de ideas y soltura para expresarlas, puede llegar a ser una de las más interesantes figuras políticas de los últimos años.

Cómo no recordar su respuesta a la majadería del arzobispo de Arequipa, Javier del Río, quien en el marco de una ceremonia pública religiosa y aprovechando maliciosamente la ocasión, demandó prohibir lo que desde su fanatismo llamó “ideología de género”. Aunque el clérigo diría luego que Salvador del Solar no sabe de Biblia, recibió de éste una bella y contundente lección que desgraciadamente parece haber caído en tierra árida.

El ministro le recordó al obispo, y a los feligreses presentes, que cuando Jesús dijo ‘amaos los unos a los otros’ no quiso decir que no se amen los unos a los unos, es decir a los idénticos, sino a tener un amor sin límites, como el de Jesús.

Dijo también del Solar, refiriéndose a Jesús, “somos nosotros los que lo juzgamos y le hacemos cargar una cruz y él, con un amor en el que no encuentro límites, se sacrifica por nuestros pecados. Les pido con todo respeto y humildad que nos preguntemos ¿a qué personas les ponemos la cruz en nuestra sociedad?, ¿a quiénes juzgamos como malos, como equivocados?, para concluir diciendo ¿quién sufre la amargura hoy de cargar la cruz que nosotros le ponemos?”.

La consolidación de del Solar como político, sin embargo, dependerá del liderazgo que demuestre y desarrolle como jefe de gabinete. Está al frente de un equipo de ministros y ministras con más peso político que el que caracterizó a la mayoría de sus antecesores, varios de ellos y ellas tienen experiencia y han demostrado solvencia en la gestión y, que se sepa, lo hicieron honradamente.

A Salvador del Solar le corresponderá, al lado y con el respaldo del presidente Vizcarra, articular la gestión desde el Estado, darle un norte claro, y emprender o afirmar las reformas que impidan que propuestas retrógradas estorben el verdadero desarrollo de nuestro país. Difícil tarea, sin duda, pero posible si se actúa con inteligencia, decencia y valentía.

“Hay dos cualidades que se le reconoce al nuevo presidente del Consejo de Ministros, que son bastante escasas en la política peruana: honestidad e inteligencia”