Pablo Cesar Orbezo Castañeda
Desde la antigüedad los hombres buscaron aquella sociedad ideal en la que la convivencia sería perfecta, sin embargo la “Ciudad de Dios” propuesto por San Agustín, no se realizó en virtud de que era algo absurdo e irrealizable. Los proyectos de felicidad de aquella sociedad perfecta propuestos en su época habían fracasado, así por ejemplo la sociedad teológica o medieval, basada en sus creencias religiosas; así también la sociedad moderna vs. postmoderna que confiaba en el poder de la experiencia y razón.
No existe una sociedad ideal pero podemos hacer que exista una sociedad mejor, más humana, equitativa, igualitaria, ecológica, racional, justa y menos contaminada y salvaje, y ya estamos a destiempo.

La nueva sociedad tiene que ser como un átomo, porque en ella podemos ver cómo funciona todo los elementos que la componen y eso es la existencia y lo que no podemos ver la no existencia o la antimateria, pero que también forma parte de la materia. En tal sentido, en la nueva sociedad siempre van haber conflictos o colisiones, odios y amores, amores y desamores entre las personas, porque está en la naturaleza humana las fuerzas del odio y del amor; sin embargo esto es algo natural pero si llega a amenazar la seguridad global y territorial entonces se tiene que actuar y transformar ese individuo que puede ser de energía negativa o neutro. Entiéndase por energía negativa todo aquello que va en contra de la sociedad moral, es decir todo lo malo y negativo que puede alterar la convivencia armónica y neutro como aquello que no actúa o colabora a sabiendas que es lo correcto y positivo para la humanidad, por ejemplo, lo negativo sería enriquecerse a costa de explotación de otros y contaminando y destruyendo el ambiente o también no hacer algo sabiendo que se puede hacer algo contra la explotación y contaminación.

En la nueva sociedad global y territorial el Estado será como el núcleo del átomo, como el sol; es decir, la gravedad, la energía electromagnética. El resto debe girar en función de este porque la sociedad no podría porque no está preparada aún. Un Estado que orienta, guía, ilumina y que mantenga unida a todos los elementos que la conforman y hacen su existencia estará integrada por la clase gobernante (sabios o filósofos, científicos y tecnólogos) y esto debe nacer de la misma sociedad sin partidos ni religiones ni intereses ajenos a la moral universal “el bien” al momento de ser elegidos y de gobernar.

Ante la situación que vivimos, debemos aprovechar esta crisis mundial para buscar un modelo de vida más justo y equilibrado, un modelo que se basa en el respeto y protección al medio ambiente, porque es nuestro único hábitat, no existe otro lugar fuera del planeta donde podamos ir aún.

Debemos emplear racionalmente las tecnologías en el aprovechamiento de los recursos escasos en el beneficio de toda la humanidad; debemos controlar el crecimiento demográfico porque el crecimiento actual ya es desproporcional a los recursos que van en progresión aritmética. Un modelo eco atómico que erradique la pobreza y las desigualdades sociales; quizá suena una utopía pero los hechos son ya previsibles.

¿Quién no quisiera una sociedad global y territorial en paz donde la sobrevivencia esté garantizada, una sociedad donde reine el desarrollo personal y social por encima de todo; donde la persona sea libre y tenga voz; los pueblos convivan en armonía y donde las diferencias generen riqueza y no obstáculos; una sociedad en donde podamos poner a prueba nuestra inteligencia y creatividad. Una nueva sociedad que funcione en perfecta armonía como el mundo atómico?. Mientras tanto debemos aprender a convivir en armonía tal cual átomo.

«La nueva sociedad tiene que ser como un átomo, porque en ella podemos ver cómo funciona todo los elementos que la componen»