Pier Paolo Marzo Rodríguez

En Huacrachuco entramos a la segunda semana de inamovilidad social decretada por las rondas campesinas, respetada por la mayoría de las autoridades públicas y acatada por la población, de manera muy disciplinada. Esto para evitar la propagación del coronavirus, luego del descubrimiento de tres personas positivas a la prueba rápida, entre los retornantes desde ciudades de la costa. Medida que se encuadra entre lo que el consenso sanitario mundial recomienda.

Lamentablemente, esa buena práctica no se ha generalizado en nuestro país, al punto que pronto estaremos entre los 10 países con más infecciones en total (aunque lo justo para comparar es contar sólo los infectados actuales). Y si bien Huánuco no está entre las regiones más afectadas, la facilidad con que el virus se contagia debe ser un aliciente para corregir las malas prácticas de aglomeración en mercados y bancos, y replicar las buenas prácticas de control comunitario de la pandemia, ganando tiempo para que nuestro maltratado sistema de salud pueda equiparse al menos con lo mínimo: personal adecuadamente contratado, medicamentos paliativos en las farmacias hospitalarias, camas de cuidados intensivos y plantas procesadoras de Oxígeno.

En efecto, dos meses y medio después de la llegada de los 2 primeros infectados a Huánuco, ya contamos 495 portadores del coronavirus, 9 de ellos fallecidos. La velocidad de transmisión de la enfermedad en la región es alarmante: hace un mes, el 18 de abril, se reportó 83 infectados, casi 6 veces menos y 0 fallecidos.

Sin embargo, como ocurre a nivel nacional y dentro de cada departamento, a nivel regional, la distribución de casos en Huánuco no es uniforme: las provincias Huánuco, Huamalíes y Leoncio Prado concentran la mayor parte: 422 infectados, es decir, el 85%, más de 4 de cada 5 en la región. Por el contrario, las provincias de la sierra de Huánuco, Lauricocha, Yarovilka, Marañón y Huacaybamba, suman 15 infectados y ningún fallecido. Huamalíes, por la geografía y la cultura debería estar en este grupo; pero no fue así al parecer por el descuido inicial de una única persona ajena a la población permanente, en LLata (que tiene 72 delos 74 infectados de la provincia).

Estos datos nos indican que antes que la geografía, es la conducta de las personas lo que marca la diferencia en la velocidad de propagación. Y el mejor mecanismo para disciplinar la conducta humana es el control social o comunitario. No es casualidad que los distritos con una mayor presencia de autoridades comunales, incluyendo rondas campesinas, sean los de menor propagación del coronavirus. En el mismo Huánuco, no hay propagación viral en sus distritos rurales, salvo 3 en Santa María del Valle y 2 en San Francisco de Cayran, que están entre los que más contacto tienen con las áreas urbanas de Huánuco, Pillcomarca y Amarilis. Algo similar puede decirse de Leoncio Prado, donde la infección se concentra en las ciudades Tingo María y Aucayacu, que suman 52 de los 55 infectados de la provincia. Y esto no sólo ocurre en Huánuco: En Piura, de los 3539 infectados a la fecha, sólo 34, menos del 1%, son de las provincias con mayor población rondera, Ayabaca y Huancabamba. Cajamarca, cuna de las modernas rondas campesinas, se mantiene con sólo 3 fallecidos. Y en general, en el trapecio y sur andinos, de mayor densidad comunitaria, las cifras de infectados y fallecidos son notablemente menores que en las ciudades de la Costa y la Selva, donde las tradiciones comunitarias estaban en retroceso.

La evidencia apoya la urgencia de implementar cercos comunitarios, como lo ha indicado el doctor Augusto Tarazona, presidente del Comité de Salud Pública del Colegio Médico del Perú. Esta estrategia debe enmarcar la búsqueda de un compromiso de las asociaciones de comerciantes y juntas vecinales en las tareas de sensibilización para evitar las aglomeraciones en los mercados, asegurar el uso de mascarillas y mantener el distanciamiento social. Asimismo, debe sustentar las relaciones de coordinación y cooperación de las unidades de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, con las rondas campesinas y comunales o las distintas autoridades de las comunidades campesinas y pueblos indígenas en sus respectivos territorios, para retardar lo más que se pueda la propagación del coronavirus. Al involucrar a las organizaciones comunitarias o sociales debe incorporarse también a las asociaciones de transportistas, en preparación del levantamiento de la cuarentena.

Los desarrollos en materia de gestión pública nos dicen que “La eficacia gubernamental se ha convertido en la fuente fundamental de la legitimidad de los gobiernos; de este modo se complementa el acto de votar y preferir candidatos, con exigir a los gobiernos la solución de los problemas públicos[1]. Hoy, dichas eficacia, legitimidad y capacidad de generar resultados resolviendo problemas como los que genera la pandemia, requieren de un nuevo pacto social donde el Estado, en todos sus niveles, actúe de la mano con las organizaciones comunitarias o sociales, respetándolas y promoviéndolas.

[1]Christian Gadea Saguier. Desafíos de la gobernanza para una nueva gestión pública. En: ACADEMO Revista de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades. Julio 2015, Vol. 2 Nro. 1, p.2.