Los recientes desastres naturales registrados en el departamento deberían motivar en las autoridades regionales y municipales una reunión conjunta para delinear y establecer parámetros de coordinación ante lo que parece ser una cruda temporada de lluvias y dar respuesta rápida a las situaciones de emergencia.

Si bien hasta ahora no se han reportado víctimas mortales por desastres naturales, no hay que esperar que ocurran para recién movilizarse. Los daños causados en Molino por el desborde de ríos tras la caída de huaicos, la pérdida de casas en Huánuco en medio de una torrencial lluvia deberían ser causa suficiente para iniciar las coordinaciones y activar las alertas.

Este nivel de coordinación se hace incluso más urgente, porque estamos ante nuevas autoridades, muchas de ellas con desconocimiento del sistema de gestión de riesgos e incluso de los lugares críticos de sus jurisdicciones.

Se trata de mitigar, en la medida de lo posible, los riesgos, de involucrar a la ciudadanía en las acciones de prevención y protección.

Le corresponde al gobernador regional asumir el liderazgo entre las autoridades del departamento. Se equivoca Juan Alvarado si solo mira el Gobierno Regional y se desentiende de las municipalidades; o solo se concentra en gestiones fuera de Huánuco. Debe asumir liderazgo.