Por Valentín Sánchez Daza

La mayoría de huanuqueños –sino todos– llevamos la danza de Los Negritos en la sangre. Desde niños nos sentimos hechizados por ella (la melodía, el baile, la vestimenta, los personajes y la coreografía generan, en conjunto, esa profunda fascinación) y por eso, lejos de extinguirse, la danza crece y se multiplica, tal como se constata cada año, cuando aparecen nuevas agrupaciones dentro y fuera de la ciudad. Si bien hay muchos como yo que lo disfrutamos periféricamente, acompañando a los bailantes y viéndolos desde el corillo de gente que se forma alrededor del elenco cuando danza (a eso me relega mi torpeza por el baile en general), hay otros que la practican desde muy pequeños, mostrando una temprana pasión que se prolonga por el resto de sus vidas.

Esto sucedió con los hermanos José Francisco y Julio César López Sacramento, los caporales de la Cofradía de Negritos Huallayco Vida, quienes se constituyen en la actualidad, después de una larga trayectoria artística, entre los más destacados danzantes de la región y un ejemplo para las nuevas generaciones en el cultivo de nuestro arte tradicional, que “es la más singular y más importante del país” a decir del extinto investigador Roel Tarazona Padilla.

Comenzaron en el baile desde muy chicos, en el barrio del jirón San Martín y la avenida Alfonso Ugarte, en Las Moras. Tanto fue su deseo de danzar que ellos mismos confeccionaron su indumentaria: la máscara lo hicieron de cartulina negra, el sombrero de la pasta del cuaderno, las cintas de papel cometa y los pañuelos de tela con blondas. Eran los años 70, la dictadura militar regía el destino de país y para ensayar usaban el tocadiscos, un artefacto raro por entonces que solo algunas familias poseían. Así iban de visita a las casas de las señoras Ernestina, Vaca, Marucha y Shira, conocidas damas de aquellos tiempos y muy entusiastas por las costumbres.

En principio Julio y Beto (así conocen a José Francisco) bailaban cada uno por su lado. A medianos a los años 80, coincidieron por primera vez en la cuadrilla de la señora Silveria, aunque sin llegar a ser pareja. Fue a partir del año 87, en la ahora cuadrilla Huallayco Primero de Enero, es decir hace 33 años, en que comenzaron a bailar juntos. Un hecho fortuito selló su destino dancístico: un día la pareja de Beto no pudo bailar y pidió a Julio que lo acompañe. Desde entonces no volvieron a separarse.

Los primeros ocho años bailaron como pampa, el personaje más numeroso de la danza, cuando los caporales eran Víctor Velásquez, ´Shallaco’, y el conocido señor ‘Pushapa’. En los años 90 ascendieron a segundo guiador, mientras el primer guiador era el dúo conformado por ‘Tote’ Paredes y el popular ‘Gallina’, en tanto la caporalía la ostentaban Andrés Paredes y Víctor Velásquez. Con el pasar del tiempo y cuando los caporales eran los hermanos Mego, se convirtieron en primer guiador. Durante estos años los mayordomos eran quienes buscaban y elegían a los caporales.

En el año 2002, se realizó por primera vez elecciones de caporales en la cuadrilla Huallayco Primero de Enero y, democráticamente, los hermanos son elegidos para que ejerzan ese cargo para los años 2003 y 2004. Sin embargo, es en la Cofradía de Negritos Huallayco Vida, fundada en el año 2004, donde se consolidan y adquieren brillo y prestigio, al igual que la misma cofradía. Desde aquel año hasta hoy, a excepción de una pausa de tres años en que lo fueron los hermanos Estrada (y donde ellos volvieron a ser guiadores), han ejercido ese importante rol, demostrando compromiso y responsabilidad ante sus demás compañeros y agradecimiento a quienes les enseñaron a bailar, como Víctor Velásquez, Andrés Paredes, ‘Pushapa’ y los hermanos Mego, entre otros.

Los hermanos López Sacramento, así como sus respectivas familias, son unos apasionados de nuestra popular danza. Su entusiasmo inagotable por practicarla, su entrega total en los ensayos y días de festividad, su destreza para bailar y liderazgo en conducir a los demás, son prácticamente inigualables. Se han vuelto un punto de referencia para los jóvenes y una reserva de identidad para mantener vigente nuestra tradición. Por eso subrayamos su mérito, el legado de su gran trayectoria, por siempre.

«Es en la Cofradía de Negritos Huallayco Vida, fundada en el año 2004, donde se consolidan»