En el año 2005, después de muchos accidentes de tránsito e innumerables muertos, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones prohibió la circulación de los llamados “buses camión”, que no era otra cosa que un vehículo de carga con el chasis y carrocería modificados para transportar pasajeros.

Las pericias realizadas al ómnibus que se incendió en el informal terminal de Fiori y que cobró la vida de 17 personas, confirmaron que se trata de un bus “adaptado”. Es decir, no era original.

Con la prohibición de los buses camión, se daba por descontado que en nuestras carreteras solo circularían entonces buses originales. Nada de “adaptados”.

Diecisiete inocentes vidas nos han quitado la venda de los ojos y devuelto a la triste realidad de que seguimos en el país de la criollada, de “Pepe el vivo”, de empresarios con impunidad para matar con su criollada.

El piloto y copiloto del bus de la empresa Sajy Bus están presos, pero los dueños, los que adquirieron y pusieron a operar un bus “adaptado” y cuya adaptación ha sido causa del siniestro, siguen libres y tal parece que seguirán así. ¿Cómo consiguió su autorización? puede ser el hilo de la madeja de la corrupción en una de las áreas del sector Transportes, a la que se suma las autorizaciones de los terminales de las empresas de transportes en Lima en cocheras que no reúnen ningún requisito establecido en la norma.

Los 17 muertos del ómnibus de la empresa Sajy Bus tienen culpables y están libres.