Dra. Amarilis Domínguez Palpa

Los intelectuales que se hacen solos, que invierten en su preparación académica, que son investigadores, que se preocupan por publicar pese a las adversidades y amenazas del plagio y la piratería en nuestro país; son la reserva moral que podría estar en peligro de extinción como capital humano.

Al gobierno y los funcionarios no les interesa invertir en ciencia, tecnología e innovación, menos en desarrollar pensamiento crítico en jóvenes estudiantes porque serían un peligro para los intereses de algunos grupos de poder económico.

Los intelectuales han sido callados no solo en su voz sino en las oportunidades de ser convocados para participar en las esferas del Estado, porque muchos de ellos tienen filosofías y pensamientos emergentes que no coinciden con las políticas públicas actuales.

Los intelectuales comprometidos con una investigación científica para el desarrollo de la sociedad no reciben apoyo económico ni son permitidos como consultores en programas y proyectos de desarrollo social.

Los poderosos medios de comunicación bloquean que muchos intelectuales digan su voz, se crean falsos intelectuales que se presumen leídos e investigadores para manejar la conciencia colectiva a través de programas televisivos, radiales o prensa escrita. Hay de los intelectuales que son de escritorio, sólo de bibliotecas y no conocen de cerca la cruda realidad de la pobreza, la violencia y las injusticias de nuestro país.

Existen élites de intelectuales que marginan y excluyen a otros que interpretan mejor la realidad, que son más convincentes en sus explicaciones científicas. Estas élites se dan a nivel de círculos científicos, academias, foros, asociaciones, sociedades científicas, inclusive a nivel del arte, cultura y tecnología. Es necesario romper estas taras, porque un intelectual comprometido socialmente no tiende ser individualista sino promotor activo del desarrollo desde el puesto en el que se encuentre.

Y es muy curioso que en estas próximas elecciones no se considere como requisito importante que los candidatos sean intelectuales reconocidos, porque un personaje poco leído, nada de investigador y emprendedor que propuesta puede plantear para el desarrollo regional o municipal.

Tendríamos que exigir que todo intelectual demuestre comportamiento ético en todas sus acciones. Porque la búsqueda de la verdad nunca será compatible con la corrupción, la mentira, hipocresía y la confabulación.

Los intelectuales por excelencia son políticos, aunque no participen en procesos de elecciones políticas, no se identifiquen con un grupo político específico; pero si es necesario que profesen una ideología, una visión y un compromiso social.

Desde escritores, artistas, científicos, técnicos, investigadores hasta los sabios más connotados necesitan estar organizados y ser críticos de los fenómenos que van ocurriendo y no sólo opinar reflexivamente sino participar activamente en la construcción de una nueva patria, proponiendo alternativas y proyectos de innovación para el desarrollo.

Es necesario abrir nuevos espacios de debate y fortalecer organizaciones de intelectuales a todo nivel que se pongan de pie ante tanta calamidad y destrucción de nuestra patria que sangra por todo lado. Porque no es justo que veamos autoridades que en la vida intelectual y profesional han fracasado y pretendan sin visión clara conducir destinos de regiones y municipios.

Que la literatura diga su palabra, que la ciencia se ponga al servicio de la justicia, que las artes y la cultura sensibilicen y fortalezcan nuestro humanismo, y que la tecnología esté al servicio de las mayorías. ¡Los intelectuales si estamos presentes, es tiempo de decir nuestra voz y no callar ante los gigantes que pretenden ser los dioses de la patria!