Teresa Chara de los Rios

Este año el “Día Internacional de la Mujer” nos toca vivir a todas las mujeres en un contexto dife­rente. Existen personas que aún no aceptan que una mujer pueda ser lesbiana o un hombre gay, es decir homosexuales. Pregunto: Si usted amigo lec­tor tuviera un hijo homosexual, lo discriminaría? ¿Tendrá su hijo la culpa de ser así? Los científicos no encuentran una explicación a los casos de ho­mosexualidad. Lo que sí es cierto es que ninguna persona heterosexual, de la noche a la mañana decide por su propia voluntad, ser gay o lesbiana.

La homosexualidad está en la atracción, en el deseo sexual de una persona, por otra del mismo sexo. Se dice que la persona nace con esas prefe­rencias. Se dice que la homosexualidad se da cuan­do un niño ha sido víctima de violencia sexual. Se dicen muchas cosas, pero lo cierto es que hasta ahora no existe una explicación científica.

Si yo tuviera una hija o hijo homosexual lo amaría mucho más. ¿Sabe por qué? Porque la so­ciedad se encarga de discriminarlos. De niños en los colegios sufren bullying, son insultados, les ponen apodos, los golpean y de adolescentes, los compañeros más grandes cuando van al baño, los siguen y hasta los abusan sexualmente amena­zándolos con golpearlos si dicen algo. De eso nadie quiere hablar. Todo se queda en las cuatro paredes del colegio. Pero si se develara lo que pasa todos los días en los baños de algunos colegios, cambiaría nuestra forma de pensar.

Amaría mucho más a mi hija lesbiana o a mi hijo gay, porque fuera de mi hogar, les espera un mundo lleno de violencia e intolerancia para las personas que no clasifican como heterosexuales, es decir hombres que les atraen o se enamoran de mujeres.

Lo amaría mucho más y le daría las herramien­tas necesarias, empezando por una buena educa­ción y valores, como el respeto a las personas y la tolerancia a la diversidad sexual, porque si no está preparado, sufriría más y lo llevaría hasta el sui­cidio. ¿No se han puesto a pensar que una de las razones del suicidio de los adolescentes es porque eran homosexuales y sentían temor y vergüenza de confesarlo a sus padre? Y nosotros como socie­dad somos crueles, los señalamos con el dedo, con risitas de medio lado, prohibiendo a nuestros hijos su amistad, como si fueran contagiosos, negándoles un puesto de trabajo, no por falta de conocimientos sino por ser gay, como si ser gay fuera un delito.

Las congregaciones religiosas entre ellas el mo­vimiento “Con mis hijos no te metas” no quieren aceptar que hombres y mujeres tienen los mismos derechos, no quieren aceptar que sus hijos puedan ser gay y lesbianas. Prefieren dar la espalda y no ha­blar del tema, como que si eso ayudaría a solucionar los problemas de discriminación e intolerancia a la diversidad sexual. No señores, dejar de hablar no es la solución.

Hace unos años atrás el Ministerio de Educa­ción elaboró una Guía de Educación Sexual para los alumnos de secundaria. Fue un piloto que no tuvo aceptación en la población nuestra y tuvo que ser retirado. Era demasiado avanzado para nuestra so­ciedad machista e intolerante.

Relataba unas expresiones de un chico y en otro, de una chica, que expresaban estar enamorados y ser felices con sus parejas del mismo sexo. Eso no incentivaba la homosexualidad, sino presentaba a los estudiantes la diversidad sexual y a partir de allí el respeto y la tolerancia a las personas, por el solo hecho de ser personas.

En este contexto que celebraremos el “Día Inter­nacional de la Mujer”, nos alienta decir a las muje­res que tenemos que asumir nuevos retos. Enseñar a nuestros hijos e hijas a amar y respetar por igual a hombres y mujeres. Asignarles las mismas tareas en casa, las mismas oportunidades, pero sobre todo, el respeto a la diversidad sexual. Solo así haremos sociedades más justas y tolerantes.