Mg. Lilian M. Mendoza Pozo

En el centro de educación básica especial cada mañana, de lunes a viernes recibimos a las madres cuando llevan a sus hijos, preocupadas por llegar a tiempo con la frase: Qué trabajo tengo para despertarlo, vestirlo y hacer que tome su desayuno. La hora me gana y mis otros hijos, mi esposo, en fin.  La labor diaria de las madres nos lleva a pensar, si tan solo cada uno de los miembros de la familia pondría un grano de arena, probablemente se cansaría menos y tendría un espacio para respirar en las  mañanas rutinarias.

Por otro lado, nos lleva a conversar con ellas en lo importante que es enseñar a cada hijo (con o sin discapacidad) las labores de la casa, y en ese proceso  enseñar a su hijo con discapacidad para que logre vestirse, asearse, tomar sus alimentos, lavar la vajilla, limpiar las mesa, hacer el mandado de acuerdo a su edad y sus posibilidades.  El desarrollo de las habilidades para la vida incrementa sus oportunidades para integrarse a la sociedad de manera productiva, saludable y placentera; identifican sus aspiraciones de manera realista, evalúan sus capacidades y el medio de manera precisa, utilizan sus recursos para alcanzar objetivos de manera eficiente en los distintos contextos o desafíos sociales que se les presenten, en suma les permite enfrentar situaciones problemáticas de la vida diaria. Teniendo presente que éstas habilidades se adquieren a través del entrenamiento intencional o de la experiencia directa por medio del modelado o la imitación.

Así mismo, es importante generar hábitos, la repetición de ciertas actividades como: cepillarse los dientes,  lavarse las manos antes de comer, leer cada día un libro o cuento de su interés, jugar, ducharse dos veces al día si es necesario, tener claro el tiempo establecido para el uso de videojuegos, hacer las tareas, etc. Todos ellos si se adquieren como hábitos cotidianos les ayudará a los pequeños a formar virtudes y tener equilibrio emocional, lo que contribuirá a desarrollar su personalidad sin ninguna adversidad.  Si paralelo  generamos responsabilidades de acuerdo a su edad hará que su hijo sea autónomo, y entonces desde ese momento en la familia habrá orden, disciplina, cooperación, armonía. En consecuencia la madre podrá tener  espacios y momentos para ella y no solo será un día, el Día de la Madre.

“La labor diaria de las madres nos lleva a pensar, si tan solo cada uno de los miembros de la familia pondría un grano de arena, probablemente se cansaría menos y tendría un espacio para respirar en las  mañanas rutinarias”