Juan Alvarado ha comenzado su gestión al frente del Gobierno Regional con preocupantes señales de estar desubicado.

La falta de su equipo gerencial al momento de jurar al cargo ha sido clamorosamente evidente en su discurso que —como hemos dicho— parecía uno de campaña electoral y no de inicio de gobierno.

Su participación en la sesión de instalación del Consejo Regional pretendiendo imponer la fecha de la sesión para la elección del consejero delegado y la presentación de los nuevos directores regionales de Educación y Salud sin tener oficial y legalmente sus resoluciones de designación, lo pintan como una autoridad desubicada.

A eso hay que sumarle su reiterativa negación de que el contador público colegiado Luis Briceño sería su gerente general, cuando su entorno ya lo había confirmado y éste, incluso, ya estaba sentado en la Gerencia General. Este tipo de situaciones afectan la credibilidad del gobernante, un factor muy importante en el desarrollo de la gestión como para perderlo tan pronto.

La lista de funcionarios que presentó ayer Alvarado refleja la pugna con su entorno y el pago de compromisos de campaña. La ausencia del vicegobernador regional, Erasmo Fernández, puede leerse como su desacuerdo y acaso el principio de su alejamiento del gobernador regional. Mal comienzo para quien pidió unidad y ofreció transparencia.