Germán Vargas Farías

Miguel Grau el héroe más popular y admirado del Perú, lo es por  su valentía, pero también por su nobleza y caballerosidad. Elegido “El Peruano del Milenio” en una encuesta realizada en 1999, es uno de esos personajes que resume todo lo que estimamos y que quisiéramos defina nuestra identidad, es decir, la propia y la de nuestros y nuestras compatriotas.

La integridad de este hombre extraordinario fue descrita así por el historiador Jorge Basadre: “Miguel Grau Seminario fue un hombre comprometido con su tiempo, con su país y sus valores. Fue honesto y leal con sus principios, defendió el orden constitucional y fue enemigo de las dictaduras.

El héroe de Angamos siempre estuvo en la línea de afirmación de las normas morales y las tradiciones de la república. Honrado en el camarote y en la torre de mando, lo es también en el salón y en el hogar.”, ¿cuántas personas conoce que podrían ser retratadas así?.

Lo he contado en varias ocasiones. Cuando en los talleres de disciplina positiva que desarrollamos, con colegas de otras instituciones y países, preguntamos a papás y mamás qué clase de persona quisieran que fuese su hijo o hija al llegar a los 18 o 20 años, lo que dicen es casi siempre lo mismo. Los imaginan amables, respetuosos, justos, solidarios y responsables. Eso es así, sea cual fuere el origen, condición social, grado de instrucción o confesión de padres y madres.

No es pues raro que Miguel Grau haya sido reconocido como el peruano más notable del milenio. Uno de los sucesos que más se destaca de su vida es cuando al mando del “Huáscar” ordena a su tripulación rescatar a los sobrevivientes de la corbeta chilena “Esmeralda”, hundida en el fragor del combate.

Había peleado enérgicamente contra el feroz adversario de la patria, pero una vez caído tuvo la grandeza de reconocerlo como prójimo, ofreciéndole un trato respetuoso y generoso. Por eso se considera a Grau un precursor del derecho internacional humanitario, y por eso son tan atinados y merecidos versos como los de José Santos Chocano: “Tú, que tan generoso/ con tu adversario fuiste/ –tal Cristo en el Calvario–/ no permitas que nadie perturbe tu reposo/ si no se muestra digno de ti con su adversario”.

Podría terminar estas notas aquí, y ofrecerlas como un homenaje a un peruano ejemplar. Pero resulta que el título alude al coronavirus y, hasta ahora no hay nada que lo justifique. ¿Qué tiene que ver Miguel Grau con el COVIP-19?, pues nada, el o la COVID-19 es una enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto más recientemente, y hace 140 años –en 1789- nadie tenía la más remota idea del virus, ni de la enfermedad.

Antonio Guterres, el secretario general de la ONU, ha dicho que “debemos declarar la guerra contra este virus”, otros líderes del mundo y en Perú se han referido a la situación en los mismos términos y se han adoptado medidas inusuales en tiempos de paz.  Suspensión de garantías constitucionales, toque de queda, militares en las calles, etc.

¿Qué habría hecho Miguel Grau en una circunstancia como esta?, y para ponerlo en una situación más específica aun ¿qué habría hecho si se encontraba con un irresponsable que infringía la orden de quedarse en su casa?. ¿Lo habría humillado y cacheteado en defensa de la patria?

¿Cómo es, entonces, que admiramos a un hombre que luchó con valentía y trató con dignidad a su adversario ya vencido; y disculpamos, defendemos y celebramos a otro que, cobardemente, humilla y golpea a un adolescente ya detenido?

Evidentemente hay viejos virus que permanecen entre nosotros, y que han arruinado una gran parte de nuestra cordura y coherencia.