Mg. Lilian M. Mendoza Pozo

Cada día tenemos reportado y/o derivado para el servicio de psicología un buen número de casos debido al “mal comportamiento” de los niños y jóvenes en el aula o en el colegio; al término de la jornada del día se tiene citaciones para los padres de familia con la finalidad de dialogar con los padres, buscando desde luego que el estudiante asuma las reglas de convivencia del aula; como lo diríamos que se “porte bien en el aula”. En los diálogos con los docentes surgen apreciaciones como: “los chicos de ahora no como los de antes”, “no te escuchan”, “quieren hacer lo que les parece”, no cumplen la tarea”, “sus padres no le enseñan o no colaboran”, “viven solos”, “hay padres que nos desautorizan”; en fin estas frases nos brindan un panorama de lo que puede estar sucediendo en el aula y esto preocupa.

Esta misma preocupación es la de muchos padres; ellos preguntan ¿cómo lograr que mi hijo me haga caso cuando se le requiere, sin hacer reclamos y/o berrinches?; mas antes a una sola oz ya estábamos haciendo lo que se nos mandaba., ahora qué difícil resulta, y cada vez se hace más complicado en la medida que va creciendo, en el colegio poco o nada se hace al respecto.

Estas afirmaciones nos llevan a algunas conclusiones como: nos falta asumir el rol que a cada estamento le toca padres y escuela para formar integralmente a las nuevas generaciones.   No nos ponemos a pensar que cada uno de ellos cumplen roles complementarios necesarios para educar al SER HUMANO. El reto es grande en ésta época en la que la tecnología toma cuerpo en nuestras vidas y va desplazando gradualmente el momento aquello en que las familias conversaban, “charlaban” sobre su día, sus preocupaciones, sus éxitos, lo que se tiene planificado para el día, sus anécdotas… en fin esos espacios fueron y son importantes, por lo que no se debe perder, más bien debemos implementarla en nuestro HOGAR como el MOMENTO DE LA FAMILIA que va enriquecer y nutrir los lazos familiares y sobre todo edificará la personalidad del niño, enriquecerá su desarrollo socio afectivo, generará una autoestima sólida, la misma le ayudará a afrontar cualquier situación que le tocara vivir, ya que, en este espacio lo que se busca es llenar el vacío afectivo de nuestros niños y adolescentes que se va generando por los agitares de los padres al tener que dejar a sus hijos solos por el trabajo. De hecho los padres y madres lo que buscan es llevar a su hijo al mejor colegio, pagar una buena pensión, satisfacer en esencia las necesidades de la familia y en especial de los hijos y eso está excelente, pero, sin descuidar la formación humanística en donde por ejemplo la autoridad del padre vaya acompañada de amor,  de un amor incondicional dejando de lado los condicionamientos (“sino le haces caso a tu mamá no te llevo al cine”); motivándole a luchar en y por la vida con esfuerzo y disciplina; enseñándole a afrontar las exigencias de la vida para que no se frustren cuando no lo logran; haciendo que el respeto esté presente en las relaciones con sus pares y con los adultos.

Un momento en la familia puede sembrar semillas en la infancia, que luego desplegará en la adolescencia con frutos positivos y más adelante se consolidará en el hombre y mujer de bien.