Juan Carlos Picón Álvarez, monitor de gestión local del programa Qali Warma, quien falleció recientemente en la selva del valle de Derrepente, en circunstancias que cumplía con su labor, ha tenido una vida marcada por el ejercicio del periodismo, debido a su formación profesional de comunicador  social, y el apoyo a los hogares más pobres de Huánuco, desde su labor en programas sociales.

Egresado del colegio industrial Hermilio Valdizán y de la escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán, Juan Carlos se caracterizó por tener la capacidad de relacionarse muy fácilmente con las personas y de generar empatía a su alrededor. Para tal fin, usaba los recursos más diversos que le eran innatos: la amena y ocurrente conversación, la manera de su trato, la predisposición de hacer suyo el problema de los demás y ese espíritu de inconformidad y rebeldía que lo movían, en no pocas oportunidades, a cuestionar la autoridad y la norma, sean en el aula o el centro laboral.

Padre de cuatro niñas, comenzó su vida profesional ejerciendo el periodismo, esa profesión tan incomprendida y vilipendiada hoy en día, pero cuyo ejercicio es fundamental para una sociedad. Su labor en este campo le permitió pasear su trabajo por diversos canales de televisión, generalmente cogiendo una videocámara con la que registraba los hechos más saltantes ocurridos en Huánuco en la primera década de este siglo, no solo en la ciudad, sino en los lugares más alejados de la capital del departamento.

Hincha acérrimo del Alianza Lima, en la segunda década de este siglo Juan Carlos Picón Álvarez ingresó a trabajar al programa Juntos y luego a Qali Warma, ambas entidades que impulsan la mejora de las capacidades de las personas en situación de pobreza, especialmente de los niños, buscando que estos se profesionalicen a futuro.

En este terreno, exploró las herramientas y estrategias de la gestión pública y, sobre todo, los alcances de la comunicación como medio que contribuye directamente en el desarrollo y progreso de un pueblo. En ese marco, por ejemplo, con Juntos propició que cientos de madres accedan a los servicios de salud y educación, dos aspectos esenciales y cruciales para que el ser humano mejore su capacidad intelectiva y deje de ser pobre a partir del ejercicio de una profesión, rompiendo de este modo el ciclo de pobreza que caracteriza a nuestro país: que el padre hereda a su hijo su pobreza, algo que se ha venido repitiendo por siglo en nuestro país.

Con el programa Qali Warma también contribuyó a la mejora de la capacidad humana, pues al supervisar que los niños de los lugares cercanos y tan lejanos como aquellos que viven en el valle de Derrepente se alimenten con productos altamente nutritivos, garantiza que en su futuro tengan mayores posibilidades de desarrollado y cambio.

Con su lamentable muerte, Juan Carlos Picón Álvarez ha conseguido, además, poner en el foco de la luz pública la dura realidad que atraviesan los habitantes del lejano y agreste valle de Derrepente, quienes día a día arriesgan su vida transitando por esos senderos peligrosos, cruzando río por cables como si fueran animales, pueblos que han sido olvidados por muchos sectores del Estado.

Considerando esto, que la muerte de este comunicador social y monitor de gestión local de Qali Warma sea también una oportunidad, ¡una gran oportunidad!, para que las autoridades y funcionarios de los tres niveles de  Gobierno miren a esa zona y atiendan sus más clamorosas necesidades, sin excusas ni postergaciones. Ése, sin duda, hubiera sido un deseo de Juan Carlos, que en paz descanse.