Teresa Chara de los Rios

Ya pasaron esos tiempos donde las mujeres estaban conminadas a las cuatro paredes de la casa, siempre abnegadas, olvidándose de ellas mismas para sacrificar su tiempo y aspiraciones a favor de los demás. Esto a ojos de la sociedad y de la propia familia era muy valorado.

Ya pasaron esas épocas en que la publicidad presentaba a las mujeres sonrientes vistiendo un delantal y cocinando platos exquisitos porque usaban determinada marca de aceite o de arroz, o las presentaban con un rostro resplandeciente de felicidad, detrás de una batea llena de espuma, lavando la ropa de la familia, promocionando tal o cual detergente o jabón.

Y así las presentaban, especialmente el día de las madres, lavando, planchando, limpiando, realizando trabajos poco valorados y reconocidos por los propios miembros de la familia. Y las grandes empresas reforzando los roles domésticos, fungían de buena gente y les ofertaban una serie de artefactos eléctricos para aliviar sus tareas cotidianas.

Los tiempos cambian y la publicidad también. Ahora nos muestra a las mujeres ejercitándose, consumiendo productos saludables, les ofertan ropa de moda, cosméticos en infinidad de marcas y colores, les ofrecen paquetes para viajes nacionales y extranjeros, celulares, lap top y otros productos similares.

Si bien es cierto que el rol de las mujeres ha cambiado, eso no significa que trabajen menos, al contrario. La cocina sigue siendo su espacio obligado, aun cuando se tiene alimentos envasados y semi elaborados, artefactos de última generación que facilite su labor, o que algunos días compre menú para alimentar a la familia porque el tiempo no les alcanzó para cocinar.

Las mujeres trabajan mucho más, pues además de todo lo que tienen que hacer en casa, más del 60% de ellas, salen a trabajar fuera para generar ingresos económicos y ayudar en los gastos familiares.

La mayoría de mujeres que trabajan, lo hacen en el sector informal, vendiendo comida, cosméticos, ropa por catálogo o cualquier otro producto que les permitan tener un ingreso económico para llevar a la casa, todo esto, en condiciones de inseguridad. Muchas de ellas sobrepasan las ocho horas laborales, más aun cuando trabajan en algunos tipos de negocios que las condicionan para seguir contratándolas. No tienen seguro social, tampoco ganan tiempo de servicios, muchos menos gozan de periodo vacacional.

Pero también las madres modernas, ya no son solo amas de casa, ahora tienen que competir con otras compañeras de trabajo – cuando lo tienen formalmente – para poder sobrevivir en el mundo laboral, y para ello deben esforzarse mucho y olvidarse de sus problemas familiares, como el tener un hijo enfermo esperando en casa. Para las empresas esto no es importante.

Las madres de hoy tienen que estar preparadas, capacitarse por su cuenta. Dejar de ir temprano a casa para estudiar, ganarle tiempo al tiempo y poder obtener la certificación que acredite su capacitación con la esperanza de permanecer en el puesto de trabajo o de mejorar el sueldo.

Por otro lado, también vemos a mujeres que trabajan en las municipalidades, barriendo las calles, desde las oscuras madrugadas, arriesgando su integridad física. Personas mareadas o drogadictos muchas veces las abordan, sin tener quien las proteja o defiendan. Sin embargo ellas están satisfechas por la labor que realizan, porque saben que esto les permite llevar dinero a la casa. Cuando una mujer trabaja, el dinero que gana beneficia directamente a sus hijos o a la familia.

Sin embargo la mujer y madre también es amiga. Acostumbran a reunirse con otras mujeres en una cafetería para conversar sobre algunos temas que no los pueden hacer con sus parejas, como problemas con los hijos, compartir aspiraciones, sueños, temores y angustias, esperando un sabio consejo o reflexión para tomar las mejores decisiones. Necesitan estar más arregladas, ir con mayor frecuencia al salón de belleza, estar a la moda. Requieren de un presupuesto adicional para dedicarlo a ellas, por las mismas exigencias de sus nuevos roles.

Si bien el antiguo modelo de madre abnegada ha cambiado, esto solo se da en las formas, porque a pesar de todas las demandas y aspiraciones, las mujeres siempre se sacrificaran por el bienestar familiar. Madre es madre.