Germán Vargas Farías

Concluyeron los octavos de final del Mundial de Fútbol 2018 y llego a casa, luego de un día con varias reuniones de trabajo, dos de ellas fuera de la oficina, con ganas de distraerme un rato repasando lo ocurrido hoy -y desde el último sábado- en Rusia, y para imaginar lo que sucederá desde el próximo viernes seis de julio, cuando se inicien los cuartos de final.

Entre lamentando la eliminación de Argentina y Colombia, y esperanzado en que Brasil y Uruguay puedan seguir avanzando, abro el sitio web de un conocido diario y lo primero que leo es “Caso Juanita Mendoza: dictan 9 meses de prisión preventiva contra Esneider Estela”.

Por si durante estos días, quizás por haber estado ocupado leyendo, escuchando o mirando páginas o informativos deportivos, usted no se enteró, le contaré que Juanita Mendoza es la vendedora ambulante que el viernes 29 de junio fue atacada mientras preparaba salchipollo en una carretilla frente a su domicilio en Cajamarca, por Esneider Estela, su ex cuñado, quien le arrojó gasolina provocándoles quemaduras en el 80 % de su cuerpo.

Sigo leyendo y me entero que el caso de Juanita, así como el de Eyvi Ágreda, quien falleció el 01 de junio, cinco semanas después de haber sido quemada por un sujeto cuando viajaba en un bus de transporte público de Lima, no son los únicos. Según un estudio de la Defensoría del Pueblo, 17 mujeres fueron atacadas con combustible entre el 2017 y lo que va del año, habiendo muerto por tan salvajes agresiones 11 de ellas.

Y muchos creíamos que habíamos evolucionado. En la Edad media las quemaban por ser “brujas”, hoy las matan –y queman a veces- por ser mujeres.

Paso a otra nota y veo que el próximo viernes a Uruguay le toca jugar contra Francia, y a Brasil contra Bélgica, pero inmediatamente después leo que un hombre confiesa haber pagado cuatro mil soles a dos sicarios, para que maten a su esposa, en Cajamarca. Decido apagar la laptop, y encuentro otra noticia. Esta vez se trata de un sujeto, Marco Chacmani Pérez, que golpea a su expareja con la cacha de una pistola, en Cusco. Y lo hace frente a los tres pequeños hijos de ambos.

Entonces pienso que a veces concentramos toda nuestra atención en competencias deportivas como el mundial que disfrutamos ahora, y nos olvidamos de lo terrible que sucede alrededor. Y algunos hasta difunden el acoso, y otras agresiones a la mujer, pretendiendo que es gracioso.

Pero recuerdo, también, la reacción de Paolo Guerrero frente a la muerte de Eyvi Ágreda: “Nos debe doler a todos los peruanos. Es hora de poner un alto a la violencia contra la mujer. No podemos esperar a que haya una víctima más. Es tarea de todos. La más importante hoy”, y queda claro que se puede amar y disfrutar el buen fútbol, sin dejar de reconocer que la lucha contra la violencia de género es la tarea “más importante” hoy.

Es decir, ahora que se nos invita a movilizarnos por la permanencia de Gareca en la dirección técnica de la selección peruana, debemos tener presente que hay objetivos mucho más trascendentes. Para Renato Tapia, se trata de “uno de los partidos más difíciles, el de terminar con la violencia hacia las mujeres y niñas”. Este partido –dice “el capitán del futuro”-  lo sacaremos adelante juntos. Ojalá.