La informalidad en la que transitan nuestras organizaciones políticas nacionales y regionales ha quedado al desnudo en este proceso electoral. Ni una, ni una, ni una sola lista de las 18 que solicitaron su inscripción para competir por el Gobierno Regional ha cumplido con los requisitos para ser admitida al trámite para quedar habilitada.

¿Por qué todas las listas incumplieron en el primer intento los requisitos para inscribirse? La respuesta es la informalidad, la improvisación.

En la gran mayoría de los casos los candidatos no son militantes, son “invitados” de los partidos políticos y movimientos regionales. Y el proceso de democracia interna parece haberse simulado para aparentar el cumplimiento de este requisito.

Toda esa informalidad de las organizaciones políticas es sumamente peligrosa para la democracia y el Estado de Derecho. La debilidad de las organizaciones políticas se traduce en representaciones débiles, en autoridades sin base social ni respaldo político. Algo así como lo que está ocurriendo ahora en el Congreso de la República y en el Ejecutivo.

Ahora, si bien las 18 listas aún tienen recursos que flanquean las normas para regresar o seguir en la competencia electoral, no deja de ser preocupante que ninguna haya pasado la primera evaluación y algo sobre lo que deberíamos empezar a trabajar.