Germán Vargas Farías

Soy parte de una familia que gusta mucho de jugar y bromear, y me agrada que ese carácter jovial y divertido que por excelencia encarnó mamá, haya sido transmitido a unos más y a otros un poquito menos quizás, pero a todos y todas de modo que puede ser identificado como un rasgo familiar.

Nos tomábamos el pelo casi todo el tiempo, pero lo hacíamos –lo seguimos haciendo– sin mala leche, sanamente y con cariño. Nada que ver con la trampa y la bajeza con la que sujetos acostumbrados a burlarse de la gente y del país, nos quieren tomar el pelo en estos días.

Lo hacen tipos como el suspendido juez de la Corte Suprema de Justicia, César Hinostroza Pariachi, uno de los más alevosos por cierto.  Le dice a “Punto Final” que cuando Antonio Camayo le habla de la “señora K”, y de la “fuerza número 1”, él solo le sigue “la corriente”. Sin embargo, acude a la reunión y se encuentra con el congresista fujimorista Miguel Torres. ¿Qué nos deja como conclusión?, “A mí no me interesa decirles quien es la ‘señora K’ pero si quieren una pista, les doy dos. Le dicen Miki y se apellida Torres, ¿quién será?”.

Aunque luego negare lo dicho, es evidente que Hinostroza pretende, lo sigue intentando, tomarnos el pelo.  Y hay quienes lo secundan. Como aquellos que, aunque lo nieguen, parecen creer que su función en el Congreso de la República es blindar facinerosos.

No sé si será uno de aquellos, pero fujimoristas y apristas blindan al Fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, cuando eluden suscribir la carta multipartidaria exigiendo su renuncia. Dice el congresista aprista, Jorge del Castillo, que solo se trata de presunciones y que estas no bastan para exigir la renuncia a un funcionario.  Presunciones que, como tantas otras, muchas veces resulta imposible aclarar porque nunca faltan congresistas como Mulder, Bartra y el mismo del Castillo, dispuestos a defender vehementemente los procedimientos más que la verdad.

Y comenta del Castillo, que el país está viviendo “un festival de mentiras” y una constante confrontación a la que su partido –un ejemplo de fraternidad y santidad- no quiere unirse. ¿Acaso no es una tomadura de pelo?, ¿no lo es que, por la ‘delicadeza’ de apristas y fujimoristas, tengamos como fiscal de la Nación a una persona presuntamente integrante de una organización criminal?

Las tomaduras de pelo pueden ser frescas y graciosas, pero resultan insoportables cuando vulneran derechos y menoscaban el crédito de instituciones tan importantes como el Ministerio Público.

Es inevitable la referencia a Alan García cuando se habla de embaucadores y guasones. El hombre que de grandioso solo tiene el ego, ha anunciado su retorno a la política y a su partido. Como si alguna vez se hubiera ido.

“Yo observo, miro, escruto, los conozco, conozco sus conflictos, sus pequeñeces, sus odios, (…) por eso vuelvo”, ha dicho a sus despistados compañeros, el líder que a su partido hizo añicos. Y le ha reclamado a Pedro Pablo Kuczynski el haber negociado indultos con la autoridad que le confiere haber sido el patrón de los narco-indultos. Patética tomadura de pelo, que refleja la catadura moral de un tipo como García.

Tomar el pelo puede ser un ejercicio lúdico y gracioso, a la manera como posiblemente lo hace en su familia y entre amigos, pero no lo admitamos cuando, como en los casos referidos, se atropella o amenaza nuestra dignidad.