Ayer se cumplieron 25 años del golpe de Estado que dio Alberto Fujimori, con el apoyo de las Fuerzas Armadas bajo el control de su asesor Vladimiro Montesinos, quebrando el orden democrático e instaurando un régimen corrupto y de copamiento de las instituciones y gremios para garantizar su permanencia en el poder.

Fujimori y Montesinos están presos por corrupción y delitos de lesa humanidad. Para evitar que la población se entere de la forma cómo maquinó y ejecutó sus planes corruptos, Fujimori se allanó a los casos de corrupción aceptando sus delitos. Así los fiscales no tuvieron oportunidad de exponer ante los jueces y ante las cámaras de televisión las pruebas que sustentaban su acusación y la condena. La necesidad del golpe de Estado solo encuentra justificación en el aparato corrupto que montaron Fujimori y Montesinos y que sirve de inspiración a políticos inmorales como ellos.

Ahora bien, que el sistema democrático funcione depende de autoridades y ciudadanos, empresarios y empleados públicos, jóvenes y adultos, instituciones y empresas. Depende de todos, del nivel de participación en las tomas de decisiones, en los espacios de diálogo y concertación; de la capacidad para reclamar a la autoridad que no cumple con su función, pero también para cumplir con las obligaciones (respeto a la ley, pago de tributos). No hacerlo es allanar el camino a los  dictadorzuelos, a regímenes autocráticos que solo empeoran la situación.