Germán Vargas Farías

Se llama Henry López Cantorín, es alcalde de Huancayo y ha propuesto declarar la ciudad libre de venezolanos.

Dice este señor que la “creciente y descontrolada” presencia de extranjeros conlleva al crecimiento de la informalidad laboral, el comercio ambulatorio y actos vandálicos, e informa que están coordinando con la Policía y planean “salir a pedir la documentación y reglamentación de aquel venezolano que esté transitando o que esté trabajando a nivel de la ciudad de Huancayo, si no tienen el carné de extranjería procederemos a llevarlo a la Policía para que lo puedan deportar”.

El alcalde López Cartorín ha recibido el respaldo del gobernador regional de Junín, Vladimir Cerrón, quien ha fungido de su intérprete.

Dice Cerrón, que lo que propone el alcalde López es un Huancayo libre de venezolanos que delinquen, que se prostituyan, o que están sometidos a trata de personas. Es posible, entonces –permítanme la ironía- que lo que resulte es una ordenanza que declare a Huancayo libre de venezolanos, peruanos, latinoamericanos, y seres humanos en general, que delinquen, que se prostituyan, o que están sometidos a trata de personas.

Vladimir Cerrón es el mismo que tuvo expresiones antisemitas en enero pasado, y tanto él como López Cartolín responsabilizan a la inmigración venezolana –que llaman “brusca”- del incremento de la inseguridad y del desempleo. Ambos son líderes de un partido que se llama Perú Libertario (¡qué paradoja!) cuyo candidato a la alcaldía de Lima en las elecciones del año pasado fue Ricardo Belmont.

Por si lo había olvidado, Belmont dijo durante la campaña electoral que los venezolanos habían venido a quitarle el trabajo a los peruanos y tienen más beneficios que los nacidos en el país. Para que no creamos que generalizaba indicó que el 30 % de los que han llegado son magníficas personas, dejando en claro que había que preocuparse por el otro 70 %.

Sabía Belmont que apelar a un discurso antiinmigrante podría granjearle simpatías en un sector del electorado, y por un tiempo fue así. En el libreto de Cerrón y López Cartolín hay de eso, de cálculo político, de demagogia y de barbarie.

Cuando a Belmont le dijeron que sus expresiones eran xenófobas respondió que no porque xenofobia es odio y él no odia a nadie. Cerrón, por su parte, ha señalado que no puede ser xenófobo porque está casado con una extranjera. Atribuirle tus problemas al inmigrante no es amarle precisamente. Y puedes haber nacido, como Trump, de una mujer que nació en Escocia, y tener una esposa (Melania) que nació en Eslovenia, y ser a la vez la encarnación de la xenofobia y el racismo.

Un país multicultural y diverso como el nuestro debería estar libre de xenofobia y de racismo. No es así, desgraciadamente, y pronunciamientos y propuestas como las que comentamos lo demuestran.

Hay, por tanto, que rechazarlas, y ha hecho bien el Ministerio Público al abrir  una investigación preliminar contra el alcalde provincial de Huancayo, Henry López Cantorín, por el delito de discriminación e incitación a la discriminación en agravio de los inmigrantes venezolanos; y ha hecho bien el Ministerio de Cultura al pronunciarse señalando que las declaraciones del referido alcalde son “inaceptables en un Estado democrático y respetuoso de los derechos fundamentales” de las personas.

Tenemos que trabajar para librarnos de la discriminación y la xenofobia, y de autoridades como Vladimir Cerrón, López Cartorín y cualquier otro que las promueva.

“En el libreto de Cerrón y López Cartolín hay de eso, de cálculo político, de demagogia y de barbarie”