Unas conversaciones telefónicas de la congresista Luciana León, interceptadas legalmente en el marco de las investigaciones que realiza la Fiscalía sobre la organización criminal “Los Intocables Ediles” a la que ha sido vinculada, han puesto en evidencia una vez más el papel de empleados domésticos que cumplen los policías que son asignados para el resguardo y protección de congresistas u otro funcionario público, sino también de los mismos jefes policiales (como lo ha demostrado otro reportaje periodístico).

Este tipo de abusos con los suboficiales obliga necesariamente a revisar si de verdad los congresistas, funcionarios públicos y altos jefes policiales necesitan protección policial.

A ellos no parece importarles su seguridad, pues disponen del policía para que lleve a su esposa de compras, para que recoja a los hijos del colegio, haga otros tantos mandados mientras ellos están en otro lugar y sin resguardo. ¿Y su seguridad? No interesa, porque, claro está, no lo necesitan.

También claro está que la humillación y vejamen al efectivo policial nace y se desarrolla al interior de la misma institución policial, por eso cuando el suboficial es asignado a resguardar a algún dignatario, asume que será el chofer y el mandadero del funcionario.

Ese también es un tipo de corrupción, que hay que desterrar.