Teresa Chara de los Rios
Hace unos días el congresista Carlos Bruce tuvo unas expresiones desafortunadas, al comentar como la cúpula de PPK incluyó en la plancha presidencial al entonces vicepresidente Vizcarra. Se dieron cuenta que hasta ese momento la plancha estaba integrada solo por personas “blancas” y necesitaban a un vicepresidente provinciano, es decir “cholo”, para que el partido político parezca inclusivo y así ganen más votos.

Lo que el congresista Bruce ha hecho es develar lo que muchos pitucos “blanquitos” y adinerados piensan de los millones de peruanos que no respondemos a esas características físicas. Lo interesante es que puso en tapete una verdad oculta: la discriminación por los colores de la piel y por la zona de procedencia.

Para la mayoría de personas de la clase alta, existen ciudadanos de segunda clase. No lo dicen pero se nota en sus miradas de desprecio y en sus expresiones espontáneas que brotan cuando están enfadados: “cholos de m…” “indios”, “llamas”, etc.

Los blanquitos y de posición económica alta nunca le perdonaron a Toledo que siendo una persona de origen andino llegara a la Presidencia de la República. Al parecer, ellos sobrevaloran la piel blanca y la posición social y económica, creen que las  personas de origen andino son ciudadanos inferiores y que no tienen derecho a surgir.

Cuando Toledo llegó a la Presidencia de la República, ese grupo político y social que siempre ganaba las elecciones —ahora ya sabemos con el apoyo económico de empresas que financiaban sus campañas y que después pedirían el vuelto— nunca le perdonaron que él fuera ganador, los motivos eran totalmente discriminadores.

Claro que después todos lo cuestionamos; pero, por otras razones: tomaba mucho, llegaba tarde, era incumplido en sus compromisos, no quiso reconocer a su hija, etc.  Hay motivos para rechazar al expresidente Toledo, pero no va por el tema de sus orígenes andinos, sino más bien por el de corrupción y lavado de activos. Tampoco nos quedemos con la percepción que todas las personas del interior del país, provincianas, son irresponsables y corruptas. Nada más falso que eso.

Hasta el papá de la varias veces excandidata presidencial Lourdes Flores, se refirió a él como el “auquénido de Harvard”. Qué fuerte esas expresiones. Ahora comprendemos por qué cuando llegan al poder, gobiernan para sus propios intereses y los de su clase social, olvidándose de la gran mayoría de peruanos.

Nuestro país es altamente discriminador. El blanco discrimina al mestizo, el mestizo al andino, el andino al negro y así, todos jugamos a discriminarnos. En un círculo vicioso de nunca acabar.

Cuanta verdad encierra las letras de la canción “Cholo soy” de Abanto Morales. El Perú que él conoció es muy diferente al de ahora, con excepción del tema de discriminación, que a veces percibo mucho más enraizado en nosotros, pero también más camuflado por la censura de un sector de la población.

Una reacción positiva en estos días es la de los medios de comunicación, quienes queriendo lavarse la cara —donde la discriminación está a flor de piel— entrevistaron a los artistas de música folklórica y difundieron sus canciones. Algunas emisoras quieren parecer democráticas y abiertas a todo tipo de música, cuando bien sabemos que solo algunos programas dan difusión a la música folklórica y solo en horas de la madrugada, como si el campesino solo escucha y existe de cuatro a seis  de la mañana.

Somos un país lleno de taras. Da la impresión que los peruanos fuéramos como el tablero de ajedrez. Las piezas ya tienen su ubicación y poder. Si naciste en la capital y perteneces a la clase social alta, entonces te corresponde ubicarte como rey y dama. Si eres pobre y además naciste en el interior del país, tu lugar en el tablero será el de peón. Si quieres cambiar las reglas de juego, te aplican el  “jaque-mate”. Una lástima.

“El blanco discrimina al mestizo, el mestizo al andino, el andino al negro y así, todos jugamos a discriminarnos”