Germán Vargas Farías

Desde hace 16 años grupos de voluntarios, con el apoyo de algunas organizaciones de la sociedad civil, realizamos actos en homenaje a las víctimas del conflicto armado interno en Perú, en la fecha que recordamos la entrega del informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación-CVR.

Seguramente sabe usted que eso ocurrió el 28 de agosto de 2003, cuando la comisión originalmente creada por el presidente Valentín Paniagua, con el encargo de esclarecer el proceso, los hechos y responsabilidades de la violencia terrorista y de la violación a los derechos humanos producidos desde mayo de 1980 hasta noviembre de 2000, entregó públicamente su informe final.

Recuerdo que un día después, los integrantes de la CVR se trasladaron a Ayacucho para realizar allí -en la plaza principal de la ciudad- una entrega simbólica en el lugar donde, además de iniciarse el conflicto armado interno, se produjo la mayor cantidad de víctimas fatales. Más del 40 %, según el informe.

Desde esa fecha, decía, cada 28 de agosto convocamos a actos de conmemoración donde el homenaje a las víctimas de ese periodo se expresa en demandas de justicia, reparación para sus familiares y reivindicación de su dignidad, la cual sigue sin ser plenamente reconocida al persistir la situación de pobreza y exclusión social que, como la CVR constató, tuvo notoria relación con la probabilidad de ser víctima de la violencia.

Los actos de conmemoración que durante los primeros años, posteriores a la presentación del informe final, contaron con la adhesión de algunas instituciones del Estado –como la Defensoría del Pueblo- se siguen organizando por la persistencia de defensores de derechos humanos, voluntarios principalmente, y de familiares de las víctimas a través de sus organizaciones.

Hace algún tiempo advertimos que en estas actividades de conmemoración ‘olvidábamos’ a algunas víctimas, y decidimos dedicar cada año a un grupo en especial, sin dejar de rendir homenaje a todas en general. Fue así que hubo un año que lo dedicamos a las autoridades elegidas democráticamente, como alcaldes y regidores, que fueron victimadas durante el conflicto; otro año en que los estudiantes fue el tema principal; y otro dedicado a la afectación que sufrieron las mujeres, así como a reconocer su coraje y resistencia.

Para este año decidimos conmemorar a los pueblos amazónicos dado que se conoce muy poco de los mismos, pese a que el Ashaninka fue el pueblo indígena más violentado –más de 5 mil fueron asesinados, y otros miles soportaron un largo y terrible cautiverio por parte de Sendero Luminoso- habiendo tenido que desplazarse de sus comunidades más de 10 mil.

Lejos estábamos de imaginar, cuando empezamos a organizar la Jornada por los Pueblos Indígenas Amazónicos, los graves incendios forestales ocurridos en este mes que han afectado la Amazonía de Brasil, Bolivia, y también de nuestro país, y que han conmovido a todo el mundo pues se trata, nada menos, que del bosque tropical más grande del planeta.

La tragedia pasada y la actual devela lo que Ruth Buendía, líder ashaninka, describía como ese pasado que no pasa, es decir, la situación de pobreza, desamparo, exclusión y violencia que sufren los pueblos amazónicos a quienes Sendero Luminoso esclavizó en los ochenta y noventa, y hoy se les somete imponiéndoles un modelo de desarrollo que destruye la vida y el medio ambiente.

“Ese pasado que no pasa, es decir, la situación de pobreza, desamparo, exclusión y violencia que sufren los pueblos amazónicos”