Mg. Lilian M. Mendoza Pozo

Comencemos por entender la palabra inclusión. Según la UNESCO (2005) “La Inclusión es un enfoque que responde positivamente a la diversidad de las personas y a las diferencias individuales, entendiendo que la diversidad no es un problema, sino una oportunidad para el enriquecimiento de la sociedad, a través de la activa participación en la vida familiar, en la educación, en el trabajo y en general en todos los  procesos sociales, culturales y en las comunidades”. Aquí empieza la historia, no se trata de reconocer que somos diferentes sino  que junto a ello se tiene responsabilidades correspondientes,  inclusión no solo es recibir es también aprender a dar como padres involucrados y responsables, como maestros inmersos en el quehacer educativo, como sociedad activa en pro del bienestar de quienes la conforman.

1. La inclusión comienza en casa. La inclusión real comienza en casa, en cuanto el niño ha nacido o ha sido diagnosticado con una discapacidad. Probablemente esto no sea tan inmediato, porque a cada familia le tomará un tiempo entender el concepto y actuar en función a él.

Muchos padres pasan o se dejan guiar por sus propios prejuicios pensando que sus hijos son demasiado indefensos, frágiles, que no podrán vivir vidas típicas, comunes y beneficiarse de la inclusión. DE ALLÍ QUE, la inclusión comienza en casa cuando los padres se proponen trabajar en equipo para que el niño:

– Sea un niño antes que nada.

– Se beneficie de todos los estímulos típicos que cualquier otro niño de su edad.

– Sea criado con amor, respeto y expectativas positivas, lo que incluye reglas y consecuencias.

2. La responsabilidad es compartida, y como padres no pueden esperar que la inclusión funcione sin su compromiso. La inclusión no es responsabilidad individual de la escuela. Para lograr una inclusión exitosa es necesario una constante participación y apoyo de los padres a los maestros y a los profesionales a cargo. Es necesario crecer junto a los niños y aprender de ellos para poder compartir esas lecciones con otros que las necesitan.

3. No hay receta y cada individuo necesitará un plan único junto al compromiso de quienes lo aman y creen en él. Recordemos que cada individuo es único, cada individuo necesita una evaluación individual para identificar sus potencialidades, habilidades y retos, y trabajar enfocados en los primeros para ayudarle a superar los segundos.

Si como padres no se asume la responsabilidad, nadie lo hará. Es necesario asumir la tarea, y en vez de quejarse actuar para poder formarlos desde el amor, la fe, compromiso y conocimiento.