Los hechos de ayer han dado señales de que esta vez la protesta de los productores paperos no será como la de los 9, 10 y 11 y que los policías ya no serán observadores, sino que harán uso de la fuerza y de sus armas. Dos heridos de bala, uno agricultor y el otro un transeúnte ajeno a la protesta, son las señales que las autoridades no deben ningunear y en cambio instalar un espacio de diálogo y negociación.

Que esta protesta indígena no se convierta en otro Baguazo, que la sangre no llegue al río para tomar todavía decisiones en el sentido del reclamo de los huelguistas.

Hay dos personas heridas de bala, y por  suerte —hasta donde se conoce— no son de gravedad. Pero también hay seis policías heridos por las piedras que lanzaron los huelguistas.

El nivel de violencia puede ir escalando conforme avancen los días de protesta. Por lo pronto todo el día de ayer han estado llegando vehículos llenos de campesinos para  sumarse al paro. En ellos se ve una actitud decidida, que resulta peligrosa en un clima de beligerancia.

El Gobierno Regional no puede hacerse a un lado del problema, ni dejar que se desate la espiral de violencia. Los dirigentes deben asumir las graves consecuencias que tiene para su vida personal y familiar el encarcelamiento de una persona o su fallecimiento en la protesta. Que la sangre no llegue al río todavía para entablar el diálogo y encontrar puntos de coincidencia y solución al problema.