Pier Paolo Marzo Rodríguez
Una persona fallecida, una familia enlutada y aproximadamente 30 galones de combustible esparcidos en los ríos Higueras y Huallaga, además de en la planta de tratamiento de agua potable de Seda Huánuco y en su red de distribución domiciliaria, es el primer saldo del derrame producido a las 7 p. m. del viernes tras la caída de un camión cisterna en el kilómetro 27 de la carretera Huánuco – La Unión.

Un derrame de petróleo en un río que abastece a una gran ciudad, como Huánuco, en cualquier parte del mundo es un desastre ambiental, y al margen de la cantidad y de la ausencia de reportes de intoxicación humana grave hasta el momento, así debe tratarse esta situación, a efectos de las investigaciones y responsabilidades correspondientes.

Más aún cuando la información divulgada hasta el momento muestra que Seda Huánuco no contaba con ningún plan de contingencia. Es más, que dicha empresa no cuenta con más de dos cisternas a disposición, las mismas que tienen que cubrir tanto las necesidades de emergencias en los establecimientos de salud, como de la población.

En ese sentido, urge hacer un recuento de las responsabilidades que han debido activarse, a fin de la vigilancia ciudadana y el control político que corresponden.

En primer lugar, tenemos dos heridos y un fallecido. ¿Tenían un seguro que cubría el trabajo de riesgo? ¿Tenían las horas de descanso correspondientes? ¿Estaban adecuadamente capacitados para el transporte de material inflamable y de alto riesgo, en una carretera sinuosa ? La Sunafil ha de haber iniciado una investigación con esas preguntas al Grifo Raulito, y de no haber cumplido las normas de seguridad y salud en el trabajo, aplicarle la más drástica sanción administrativa y, de ser el caso, proceder a la denuncia penal respectiva.

En segundo lugar, el Osinergmin ha de verificar si el vehículo cisterna, se encontraba en las condiciones requeridas para el transporte de combustible. Aplicando el precedente que se acaba de generar con la explosión del camión en Villa el Salvador. Las exigencias de seguridad han de ser las mismas en todo el Perú. De no ser así, ha de proceder a sancionar sin eximentes al referido Grifo Raulito. En ambas lineas, ha de recordársele a la empresa china su obligación de exigirle a sus proveedores, el cumplimiento de las normas de seguridad personal y vehicular anotadas.

En tercer lugar, la Sunass debe verificar si Seda Huánuco tiene un Plan Maestro Optimizado. Este es una herramienta de planeamiento con la programación de las inversiones en condiciones de eficiencia a largo plazo. Allí debió estar el ausente plan de contigencia ante situaciones de riesgo como las ocurridas.

Adicionalmente, el OEFA debe medir, con presencia de la Municipalidad Provincial de Huánuco, el daño ambiental a las riberas y biodiversidad de los ríos Higueras y Huallaga y disponer las inversiones reparatorias consiguientes. Aquí las dos empresas, la proveedora y la contratante han de asumir una responsabilidad reparatoria solidaria.

Finalmente, las municipalidades de Huánuco, Amarilis y Pillcomarca han de renovar integralmente el directorio de Seda Huánuco, incapaz de tomar previsiones, de asegurar el mantenimiento rutinario de las instalaciones – hemos visto imágenes de canales y reservorios profundamente sucios, de antes del derrame –  y de reaccionar oportunamente. Y disponer el reemplazo del régimen de dietas por cada sesión, por directores ad honorem, a modo de un consejo consultivo. El ahorro que se consiga ha de ir a la contratación de personal operativo de campo, cuya falta ha sido notoria en esta crisis. Y a personal que brinde información al público las 24 horas, al menos en situaciones de corte del suministro. Renovado el directorio, habrá que evaluar cada gerencia a la luz de sus resultados operativos.

De otro lado, espero que todos reflexionemos sobre el valor del agua potable. Hemos de cuidarla. Junto con nuestro ambiente. Y nuestras personas. De este modo, la crisis podrá ser una oportunidad de prueba de nuestras entidades y de mejora de nuestra sociedad.