Pier Paolo Marzo Rodríguez

Nos deja evidencias, de lo mal que funcionaba nuestra sociedad y nuestro Estado, y de las fuerzas de mejora que podrían ser las semillas de un nuevo Perú luego de la crisis. La semana pasada planteé el tema de la conciencia ciudadana y de la planificación pública. En esta abordaré el del derecho a la salud y a la alimentación, que requieren de un sistema de protección social efectivo.

El derecho a la salud. La salud es “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones y enfermedades“, conforme la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (1946). Allí mismo se afirmó que “el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano, sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social“. En la Declaración Universal de Derechos Humanos, de 1948, también se menciona la salud como parte del derecho a un nivel de vida adecuado (artículo 25).Y su garantía se hace obligatoria con el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de 1966. En su artículo 12,indica que “1. Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental.” Y que “2. Entre las medidas que deberán adoptar los Estados Partes en el Pacto a fin de asegurar la plena efectividad de este derecho, figurarán las necesarias para: …c) La prevención y el tratamiento de las enfermedades epidémicas, endémicas, profesionales y de otra índole, y la lucha contra ellas; y d) La creación de condiciones que aseguren a todos asistencia médica y servicios médicos en caso de enfermedad.”

Sobre esta base, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, órgano encargado de dar seguimiento al referido pacto, ha concluido en la existencia de factores determinantes de la salud:

+ Agua potable y condiciones sanitarias adecuadas;

+ Alimentos aptos para el consumo;

+ Nutrición y vivienda adecuadas;

+ Condiciones de trabajo y un medio ambiente salubres;

+ Educación e información sobre cuestiones relacionadas con la salud;

+ Igualdad de género.

Todos esos determinantes se evidencian en las necesidades que el coronavirus ha activado .

En Perú, la Constitución establece en su artículo 7° que “Todos tienen derecho a la protección de su salud, la del medio familiar y la de la comunidad así como el deber de contribuir a su promoción y defensa.”

Este derecho a su vez exige que todos los servicios, bienes e instalaciones deben estar disponibles y ser accesibles, aceptables y de buena calidad.

Lamentablemente, la pandemia de Covid 19 nos ha agarrado incumpliendo esas exigencias. Así, el personal de salud reclama la escasez de mascarillas y al más alto nivel se anota la falta de equipos de apoyo a la respiración. Asimismo, advertimos la ausencia de redes de agua y saneamiento en muchas regiones, como Huánuco, tanto como la existencia de condiciones de trabajo inadecuadas en la mayor parte del sector informal.

Estas carencias tienen el origen en el exiguo presupuesto asignado al sector Salud: alrededor del 5% del PBI, por debajo de lo que se requiere para personal y equipamiento adecuados, así como para una agresiva y masiva acción preventiva y promocional. Además, en lo fragmentado de nuestros servicios de salud públicos. Y en general, en la desatención sistemática de sucesivos gobiernos al cumplimiento de las obligaciones de hacer realidad en la vida de la gente, el derecho a la salud.

Cabe una acotación, el derecho a la salud es de todas las personas; pero no todos estamos afrontando su amenaza con las mismas posibilidades, recursos y protección. A partir de la respuesta a la pandemia, hemos de exigir que este gobierno y los siguientes tomen en serio la salud de las personas, acometiendo las reformas en la prestación de los servicios que lo hacen realidad. Poniendo la vista en quiénes hoy sufren más su baja calidad, a quiénes les debemos fraternidad de conciudadanos. En palabras del teólogo Luis Fernando Crespo:

“En el tiempo de la cuarentena nos estamos “viendo” sometidos todos igualmente a la misma amenaza, a las mismas condiciones de cuidado, nos “vemos” como más hermanados. Pero surge la pregunta: Y cuando salgamos de la cuarentena ¿seguiremos viéndonos con los mismos ojos fraternos o volveremos a ser ciegos, sordos y mudos ante las viejas desigualdades cotidianas y estructurales?”