Por Guadalupe Vela Ramirez

A una hora y media de la ciudad, nuestras olleras de la comunidad campesina de Huargesh, en el distrito de Huánuco, provincia y departamento de Huánuco, elaboran de manera sostenible y respetuosa con el medio ambiente bellas piezas artísticas, que han sido reconocidas por el Ministerio de Cultura como Patrimonio Cultural de la Nación debido a sus características de durabilidad e historia.

El distrito de Quisqui ha sido el territorio en el que se asentaron diversas etnias prehispánicas como los Chupachos del Valle del Pillco, quienes se caracterizaron por su habilidad alfarera, la cual trascendió la hegemonía inca y fue valorada por los españoles una vez fundada la ciudad de Huánuco en 1539.

Durante la colonia se creó en esta zona el obraje Chinchopalca, cuya labor consistía principalmente en el aprovisionamiento de ollas de barro para las haciendas.

María Torres tiene 49 años y es presidenta de la Asociación Puca Wayta (Flor Roja). Ella elabora diariamente veinte piezas entre tinajas, porongos, jarras y ollas.

Es por medio de su arte que participa por quinto año consecutivo representando a Huánuco en la Feria Nacional “Ruraq Maki” que reúne a los artesanos más importantes del país.

Ella nos cuenta la tradición alfarera de su familia huargueshina. Su tararabuela Marcelina Orizano fue alfarera, siguiendo el ejemplo de sus anteriores generaciones. “Nosotros hacíamos “truka paco” (intercambio) con papa, tocosh, cebada, chochos, habas. No había ni una sola casa en Huarguesh que no hacía ollas y es por medio de esta actividad que se sustentaba la economía de nuestras familias”

Ser una “tacya manta” (tableadora de olla) no es tarea fácil, la labor inicia de chacra en chacra a punta de pico y pala aprendiendo a encontrar la tierra adecuada. Posteriormente se debe colar la tierra por lo menos dos veces hasta quedar “machca”. Además la granza debe ser colada antes de pasar a la ushma hasta secarse y recién ser agregada. Es entonces que nuestras alfareras no pisan uvas sino el barro en un cuero de ganado hasta obtener un barro uniforme.

La técnica heredada de maceración de tierra es fundamental para la duración de piezas. Es necesario tablear el barro antes de moldearlo sin ningún tipo de torno. Tras ello utilizan una coyota y secan sus obras maestras hasta el día siguiente para desmoldear sin dejar que se “wipshee” (tuerza).

Por último, con la ayuda de un cuchucuna (cuchillo para emparejar) se quitan las huellas de barro, en caso hayan quedado y el gruñidor (otro tipo de piedra) permite alisar el barro.

Si desean que las ollas tomen un tono colorado utilizan como pintura otro tipo de tierra propia del lugar llamada “muki”, antes de ponerlas al horno rustico en pircas de hasta 200 y en rumas de paja hasta el día siguiente.

Esta costumbre efectivamente es un legado de la cultura Kotosh y mantiene su vigencia a lo largo de los años, gracias al trabajo de valientes mujeres, que además de mantener la tradición cultural huanuqueña, generan un impacto positivo en la economía familiar con un aprovechamiento adecuado de recursos naturales.

María Torres está como invitada para dar un taller de su técnica alfarera la próxima semana (05 de noviembre) para el Programa Museo de Puertas Abiertas transmitido por Tv Perú y además participará del 08 al 20 de diciembre, en la Feria “Ruraq Maki” en el frontis del Ministerio de Cultura, mostrando la tradición de nuestra cultura huanuqueña, aquella cultura que aún las autoridades ni nosotros paisanos valoramos, ni aplaudimos, menos nos orgullecemos. ¡Grande María!

“La vida es prestada, pronto he de irme, pero no quiero que se pierda nuestra ollería que tanto nuestros abuelos se han esmerado en enseñarnos, deseo que nuestra asociación crezca y que nosotros los huanuqueños nos sintamos orgullosos de nuestras tradiciones y costumbres”.
María Torres, alfarera