El país cerrará el año e iniciará el nuevo en medio de una convulsión social a causa de la decisión del presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, de otorgar el indulto humanitario y la gracia presidencial para que cesen los procesos judiciales pendientes a Alberto Fujimori Fujimori, a tres días de que el hijo menor de éste liderara el grupo de diez parlamentarios fujimoristas que, con su abstención, lo salvaron de la vacancia de su cargo.

Por más que el Gobierno grite que el indulto es por un “acto humanitario”, el colectivo, incluido miembros del fujimorismo, percibe que es resultado de un pacto, de un negociado de “vacancia por indulto” entre Kuczynki y Kenji Fujimori.

Las movilizaciones del jueves han ratificado el descontento de un amplio sector de la ciudadanía por la decisión presidencial que lejos de ayudar a la “reconciliación” (que pregona el Gobierno y el fujimorismo), solo ha servido para polarizar aún más a los peruanos.

El presidente ha anunciado la conformación del “gabinete de la reconciliación” que —según se baraja— incluiría a fujimoristas. Claro está que la apuesta de Kuczynski ha sido su reconciliación con el fujimorismo, con el que coqueteó en las elecciones del 2011 y se enfrentó en las del 2016 en la que prometió no indultar a Alberto Fujimori, y no la de las peruanos que se sustenta en la verdad y justicia.