Germán Vargas Farías

Las redes sociales son impresionantes. Para personas de mi generación, y mayores, lo es más porque recordamos aun la forma cómo nos comunicábamos antes y, sin duda, lo que experimentamos ahora es una revolución tecnológica.

Cuando ingresé a la universidad, por ejemplo, debí movilizarme hasta la oficina de correos y telégrafos para enviar un telegrama a mis padres, el mismo que fue entregado a la casa de uno de mis tíos, y desde allí llevado a la vivienda de mi familia. A pesar de la rapidez con la que todos actuamos, mis padres y hermanas se enteraron de la noticia casi cuatro horas después de haberlo enviado.

Usando la mensajería instantánea que ofrece WhatsApp hoy podemos compartir información en tiempo real y, si queremos, la podemos enviar a un montón de personas simultáneamente, adjuntando fotos, audios y vídeos.

La comunicación inmediata es, para mí, una de las principales ventajas de estas herramientas. Lo es, también, poder compartir conocimientos e información, contar con mayores posibilidades de entretenimiento, y disponer de recursos potentes para la denuncia social.

Se dice que existen casi 4,000 millones de usuarios de internet y de estos más de 3,000 millones tiene cuentas activas en las redes sociales. La gran mayoría forma parte de grupos virtuales que pueden ser familiares, de compañeros y compañeras del colegio, trabajo o de cualquier otro tipo.

Hoy es posible conectarnos con amigos o familiares que no veíamos durante mucho tiempo, o que residen bastante lejos. No sé ustedes, pero a mí me parece que eso es una maravilla.

Lo digo pese a ser un usuario limitado de las redes sociales. Uso el Facebook pero por timidez o pudor rara vez publico alguna imagen mía, o cuento donde viajo, o comparto información personal. Apenas hago algún comentario de vez en cuando, y no me angustio por lograr más like cada vez.

Las redes sociales te ofrecen muchos beneficios pero pueden, o suelen, ser espacios hostiles y violentos. El bullying virtual afecta especialmente a niñas, niños y adolescentes, pero la agresión entre adultos muchas veces es terrible.

Recientemente vi el caso de una candidata al congreso, profesional, con una trayectoria respetable pese a su juventud, pero muy poco conocida, que bastó que fuese entrevistada por un medio virtual para que apareciesen decenas de personas denigrándola, y dándose la licencia de descalificarla sin tener la menor idea de quien se trataba.

Troles les llaman, y a veces asemejan una jauría que, en redes sociales, es muy difícil controlar. ¿Cómo responder a la mentira propalada, al ataque artero y falaz, amparado en la impunidad? Respondiendo con calma y, si puede, amablemente. No hay que aceptar el trato irrespetuoso y agresivo, pero podemos responder mejor si conservamos la serenidad.

Tomar aire, no precipitarse en la respuesta, y evitar seguirles el juego. ¿Qué más aparte de eso?

Hay quienes aconsejan responder al agresor, expresando desagrado por su comentario, pero hay que procurar hacerlo sin que provoque una mayor agresión. Si esta no se detiene siempre existe la opción de bloquearlo. Hay situaciones en las que corresponde denunciar, y hay que hacerlo. Que las redes sociales no se conviertan en calles por donde nadie quiere transitar.

«Las redes sociales te ofrecen muchos beneficios pero pueden, o suelen, ser espacios hostiles y violentos»