Por mandato de las Leyes Orgánicas  de Municipalidades y Gobiernos Regionales, los alcaldes y gobernadores regionales están obligados a presentar dos rendiciones de cuenta al año a su población, como un mecanismo de transparencia de la gestión y oportunidad para escuchar a sus conciudadanos.

Con el paso de los años este espacio que surgió con gran expectativa se ha ido devaluando para convertirse en una actividad de mero cumplimiento, alejado de su fin de que la autoridad se encuentre con su población para un análisis de lo bueno y lo malo realizado y escuche la crítica y el apoyo de sus conciudadanos.

Las autoridades y sus funcionarios han sabido cómo neutralizar la participación de los ciudadanos, rellenando con los allegados la lista de participantes, muchos de los cuales nunca llegan a la rendición de cuentas que además está siempre casi lleno de trabajadores y funcionarios y en muchos casos de la portatil de la autoridad. Eso ha pasado, eso pasa y de seguro seguirá pasando.

La rendición de cuentas no resulta tal, sino el enumerado de acciones de lo que se hizo en el año y sin capacidad de crítica.

Desde cuando se impulsó la rendición de cuenta muchas cosas han cambiado en la administración pública, la tecnología ha avanzado y cabe la necesidad de pensar también en cómo mejorar este ejercicio de transparencia y que efectivamente sea el encuentro de la autoridad con su población.