Pier Paolo Marzo Rodríguez
Tambogán es un centro poblado del distrito Churubamba, en la provincia Huánuco. Y aspira a ser un distrito, pues su pueblo considera que sus 6000 habitantes así accederán a mejores servicios públicos.

Pues a pesar de que Tambogán y su vecino Utao son más antiguos que el propio distrito y la provincia, sus habitantes no cuentan  con servicios de agua y saneamiento más allá de las viviendas alrededor de sus plazas de armas. Tampoco cuentan con carreteras seguras ni asistencia para tecnificar sus actividades agrícolas o aprovechar sus recursos turísticos.

Esas carencias son padecidas por los más de 260 centros poblados de Huánuco (según cifras del INEI al 2015) y por la mayoría de los aproximadamente 2500 centros poblados  del Perú.

¿Qué hacer para revertir esa situación e impulsar su desarrollo integral?

Para comenzar, fortalecer a sus municipalidades. Conforme la Ley 30937, que modifica la Ley 27972, Ley Orgánica de municipalidades, las municipalidades provinciales y distritales deben transferibles recursos, siendo los alcaldes de las municipalidades de centros poblados responsables de rendir cuentas sobre el uso de esos recursos. Los alcaldes de centros poblados podrán percibir una dieta, similar a la de los regidores distritales. Y pueden gestionar, por delegación, algunos servicios públicos, como el de recojo y disposición de la basura.

Esta legislación presenta dos problemas: el primero, lo exiguo de los recursos a transferir. De por sí, las municipalidades distritales y provinciales rurales cuentan con presupuestos insuficientes. Así que lo que transfieren son montos residuales. Tambogan, por ejemplo, cuenta con 1000 soles mensuales (S/0,65 por habitante), con los que paga al registrador civil y servicios de mantenimiento de la infraestructura municipal. Y ahí se acabó su presupuesto.

El segundo problema es que no define competencias necesarias para impulsar el desarrollo local.

Ni competencias de gestión para generar ingresos propios, via el aprovechamiento de recursos naturales y el incremento de las capacidades productivas de las familias agricultoras del centro poblado. Los alcaldes y alcaldesas de centros poblados bien podrían celebrar convenios con las comunidades campesinas o nativas de sus territorios, para aumentar sus capacidades productivas vía la constitución de empresas comunales, la tecnificación agraria, el manejo forestal comunitario, la puesta en valor de recursos turísticos u otras actividades.

Tampoco se les atribuye competencias de supervisión de obras públicas. Por la carencia de una adecuada supervisión en el terreno, ninguna de las obras de agua y saneamiento ejecutadas en centros poblados de Huánuco, funciona bien. Si sus alcaldes y alcaldesas pudieran hacer inspecciones sobre el pago a los trabajadores, la calidad de los materiales y su ritmo de avance, se podrían corregir irregularidades desde el comienzo de la ejecución de las obras.

De otro lado, se podría legislar para fortalecer las capacidades de gestión de los propios alcaldes y alcaldesas de las municipalidades de centros poblados, muchos de ellos y ellas jóvenes con amor a sus pueblo, como lo es Marcos, alcalde de Tambogan.

¿Qué más se puede hacer para mejorar la calidad de vida de nuestros conciudadanos habitantes de centros poblados? Los aspirantes al Congreso deberían incorporar esa pregunta a sus propuestas legislativas, de fiscalización y de representación.

Se podría legislar para fortalecer las capacidades de gestión de los propios alcaldes y alcaldesas de las municipalidades de centros poblados»