Teresa Chara de los Rios
Antes cuando íbamos a hacer compras a la feria sabatina de la Alameda de la República, lo hacíamos con alegría y optimismo. Los productos eran muy frescos y ecológicos (libres de residuos tóxicos como pesticidas, antibióticos, fertilizantes químicos y otros), se podía comprar con confianza y orden.

Sin embargo en los últimos años, vemos como la feria se ha ido volviendo desordenada y en  algunos momentos caótica.

Uno de los objetivos del IDMA cuando creó esta feria, fue la de contribuir con la generación de ingresos para las familias campesinas, eliminando a los intermediarios entre productores y consumidores finales. No por gusto tenía el lema “de la chacra a la olla”.

Gracias a un proyecto que ejecutaba el IDMA, capacitaban a los campesinos y monitoreaban que su proceso productivo se realice con técnicas ecológicas y respetando el medio ambiente.

Han pasado los años, se han multiplicado los vendedores, muchos de ellos son comercializadores intermediarios que compran los productos a los campesinos para luego revenderlos en la feria. Se ha perdido la esencia de la feria: Que los propios productores  vendan a los consumidores finales.

¿Podemos asegurar que los productos son ecológicos? Tenemos serias dudas. Actualmente nos está ganando los cultivos con pesticidas y abonos químicos, esta es una de las razones por las que nuestros productos ya no son tan saludables y mucho menos candidatos para la exportación. Ni qué decir del tipo de agua con las que se riegan los sembríos.

Asimismo, al interior de la feria, en los pasillos, los vendedores ambulantes obstruyen el paso elevando el riesgo de accidentes. No quiero ni imaginarme qué pasaría si se produjera un sismo o un incendio.  No estamos preparados para ello.

Se vende de todo, como dirían algunos,  hasta “cebo de culebra”. Esto se complica cuando utilizan parlantes en alto volumen para anunciar  lo que venden, generando contaminación sonora.

Tenemos que cambiar nuestras costumbres llevando nuestras bolsas plásticas reusables y carritos de compras, así evitaremos que las vendedoras nos entreguen más bolsas plásticas de un solo uso. Tomemos consciencia del daño que se ocasiona al medio ambiente. Ya hemos obtenido un gran logro: Disminuir el uso de cañitas o sorbetes.

Por otro lado, en las proximidades de la Iglesia Nuestra Señora del Patrocinio, se han apostado vendedores de prendas de vestir, zapatos, zapatillas, utensilios y otros, incluso de segunda mano, dando un mal aspecto y contaminación visual.

Un tema relevante es el tráfico en las calles que cruzan la feria, no solo es peligroso, sino también insoportable. Cuando tenemos que cruzar las pistas, los autos y trimóviles no se detienen y los transeúntes tenemos que agruparnos y tomar valor para cruzarlas obligando que ellos se detengan.

En otros casos, se detienen abruptamente en medio de la pista cuando consiguen un cliente. Gran parte es nuestra responsabilidad porque los hacemos parar donde nos convenga, es decir, contribuimos a generar el desorden.

Los espacios para estacionamiento resultan insuficientes. Tampoco se trata de pedir a la Municipalidad que genere más espacios. Ya es hora de adquirir la buena costumbre de dejar nuestros autos y motos en casa, para ir caminando a la feria y regresando con nuestras compras en mototaxi. Es una práctica saludable y contribuiremos a descongestionar las zonas aledañas.

Queremos que nuestra feria vuelva a ser la de antes. Todas las personas  tenemos derecho a ganarnos la vida, siempre y cuando no perjudiquemos el libre tránsito, se realice en forma ordenada y en los lugares adecuados, para rescatar el verdadero espíritu para la que fue creada: Productos ecológicos y de la chacra a la olla.

“Uno de los objetivos del IDMA cuando creó esta feria, fue la de contribuir con la generación de ingresos para las familias campesinas”