La trágica muerte del monitor de gestión local del programa Qali Warma, Juan Carlos Picón Álvarez, debería obligar a las altas autoridades de dicho programa social y del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) a la revisión de sus protocolos de desplazamiento de su personal a zonas agrestes, alejadas y desoladas para que no se repita otra tragedia como la que comentamos.

Dichas autoridades deberían mirar a sus monitores y elaborar con ellos esos protocolos. Los yerros llegan cuando se diseñan directivas y otras normas pensando que Lima es el Perú y el Perú es Lima, que sus suelos, sus ríos, sus calles, sus conexiones a internet son iguales en la sierra y la selva que a las de la capital de la República.

¿Qué se hizo mal? ¿Qué se puede mejorar? ¿Qué se está haciendo bien? ¿Cómo se puede mejorar? ¿Qué hay que mejorar? ¿Qué hay que descartar? son preguntas que deben responderse en cada unidad territorial y diseñarse instructivos de acuerdo con su geografía y realidad muy particulares.

Que la muerte de Juan Carlos no sea inútil, que el sacrificio que significa para su familia su pérdida no sea en vano.

No es el primer trabajador de un programa social que muere en una zona alejada y desolada de Huánuco. Pero esta vez hay muchas variables que ponen en evidencia debilidades en el protocolo de desplazamiento que deben superarse. Ojalá se haga.