Dra. Amarilis Domínguez Palpa

Cada 10 de octubre se celebra en el mundo el Día Mundial de la Salud Mental, según la OPS/OMS (2017) con el objetivo de concienciar sobre los problemas de salud mental en todo el mundo y movilizar esfuerzos en apoyo de la salud mental. El tema de este año es “La salud mental en el trabajo”. La globalización ha contribuido al estrés relacionado con el trabajo y a sus trastornos asociados. Una de cada cinco personas en ámbito laboral puede experimentar un trastorno de salud mental. Los problemas de salud mental tienen un impacto directo en los lugares de trabajo a través del aumento del ausentismo, la reducción de la productividad y el aumento de los costos de atención de la salud. Sin embargo, el estigma y la falta de conciencia sobre la salud mental persisten como barreras para abordar la salud mental en el lugar de trabajo.

A decir verdad, ante la vulnerabilidad social, los problemas de pobreza, violencia y corrupción que principalmente afectan la salud psicológica o mental de las personas, parejas, familias, instituciones y comunidades; el Estado no invierte gran presupuesto a través de las políticas públicas en esta temática.

Actualmente en nuestro país se aprueba la Ley N° 29889 que modifica el artículo 11 de la Ley 26842, Ley General de Salud, y garantiza los derechos de las personas con problemas de salud mental. “Artículo 11.- Toda persona tiene derecho a gozar del más alto nivel posible de salud mental, sin discriminación. El Estado garantiza la disponibilidad de programas y servicios para la atención de la salud mental en número suficiente, en todo el territorio nacional; y el acceso a prestaciones de salud mental adecuadas y de calidad, incluyendo intervenciones de promoción, prevención, recuperación y rehabilitación¨. Y en los incisos a. La atención de la salud mental se realiza en el marco de un abordaje comunitario, interdisciplinario, integral, participativo, descentralizado e intersectorial. b. La atención de la salud mental se realiza preferentemente de manera ambulatoria, dentro del entorno familiar, comunitario y social.

Es que a partir de ello se está implementando la reforma de la atención en Salud Mental en nuestro país, un cambio de paradigma en la atención a las personas con estos problemas: del enfermo mental al ciudadano con necesidades de atención en salud mental; del Hospital Psiquiátrico a los centros especializados en salud mental comunitaria; del médico psiquiátrico al equipo interdisciplinario de salud mental; de la atención psiquiátrica al cuidado de la salud; de la exclusión a la inclusión.

El año pasado, 917.091 personas fueron atendidas por trastornos de salud mental en algún establecimiento del Ministerio de Salud (Minsa). La cifra supera largamente la cantidad de pacientes de ese rubro atendidos el 2015 y, más aún, el 2014. Sin embargo, hay un 55% de la población con problemas de salud mental que está desatendida. De los que sí han recibido tratamiento médico, 31% son adultos, y 18%, adolescentes. Las enfermedades más atendidas son la ansiedad, la depresión, los trastornos del desarrollo y los síntomas de maltrato. Desde el 2015, hay centros de atención comunitaria, que cuentan con especialistas y dan atención ambulatoria a los pacientes de la jurisdicción en donde han sido instalados (http://elcomercio.pe/peru/situacion-salud-mental-peruanos-404815)

Proponemos 10 consideraciones para la Agenda en Salud Mental que habría que tomarse en cuenta para superar los indicadores en trastornos de salud mental en nuestro país y región:

  1. El enfoque de salud mental o psicológica que se aborde desde la perspectiva salutogénica antes que patogénica será ¨más saludable¨. ¨Mientras la visión patogénica se pregunta por qué nos enfermamos, la Salutogénesis se pregunta cómo podemos mantenernos sanos. ¿Existen fuentes de salud en cada individuo? ¿Por qué en las mismas circunstancias una persona puede mantenerse sana y otra no? Estas son las preguntas de la Salutogénesis¨. (http:// www.salutogenesis.com.ar)
  2. Las prioridades en atención a las personas deberían ser las madres gestantes, niños, adolescentes, mujeres y adultos mayores principalmente.
  3. Los ámbitos deberían extenderse más permanentemente a las familias, escuelas, centros laborales e instituciones públicas y privadas.
  4. Involucrar a los diversos actores sociales y la sociedad civil a vigilar y prevenir riesgos en salud mental en programas cargados de violencia y perversiones en televisión y radio, en publicaciones impresas de diarios y revistas, en publicaciones de redes sociales e información virtual.
  5. Evitar y sancionar conductas de autoridades y personajes públicos que comprometen la moral, ética profesional y pudor.
  6. Promover organizaciones públicas y privadas saludables, con personas y profesionales que brinden buen trato, respeto y cordialidad.
  7. Incentivar programas preventivos en salud mental dirigidos a transportistas, comerciantes, funcionarios y servidores públicos, profesionales de la salud y educación, fuerzas armadas y policiales, religiosos y políticos, etc.
  8. El Colegio de Psicólogos del Perú debería liderar propuestas de planes estratégicos y políticas públicas en salud mental articulando sectores y disciplinas en mesas temáticas permanentes.
  9. Gestionar mayor inversión en salud mental e implementación de programas alternativos que favorezca el desarrollo humano integral.
  10. Las instituciones formadoras de profesionales psicólogos, psiquiatras y afines, actualicen sus programas curriculares de acuerdo a las demandas de la salud y bienestar psicológico de nuestra población.