La decisión de Juan Alvarado de encargar las tareas de demarcación territorial a su vicegobernador regional, Erasmo Fernández, a pesar de que éste pidió que se le asigne la tarea de monitorear los proyectos y obras del Gobierno Regional, significa el epitafio de una relación nacida y crecida en el calor de la campaña electoral pero que empezó a agonizar al instalarse en el poder.

Erasmo ha revelado que cuando aceptó postular con Juan Alvarado acordaron que desde la Vicegobernación se encargaría de monitorear los proyectos y obras regionales, mientras el gobernador se dedicaría a gestionar los recursos.

Ingeniero civil de profesión y con experiencia en la administración pública, Erasmo Fernández no tenía en sus planes dedicarse a la solución de conflictos de límites territoriales, algo bastante vinculado al Derecho.

El distanciamiento entre Juan y Erasmo empezó a gestarse desde el primer día de la gestión y se hizo notoria con la designación de los funcionarios de confianza por parte del gobernador sin pedir la opinión de su vicegobernador, quien ha estado siendo excluido de las reuniones de gestión al extremo que ni a la sesión de los consejeros con los gerentes y directores sectoriales fue convocado. La decisión ahora de ponerlo a resolver temas casi estrictamente legales, solo sellan la ruptura de la alianza, del pacto, del compromiso electoral.

Se acabó la fórmula Juan-Erasmo y solo ellos saben lo que se viene.