Dra. Amarilis Domínguez Palpa

Siempre se ha reconocido socialmente la labor y el rol de los maestros, y próximos a celebrar su día viene al caso estas reflexiones. Hay maestros que se formaron y forjaron en grandes Universidades e Institutos Pedagógicos, hoy trabajan en las aulas de educación básica principalmente, cuando no otros en proyectos sociales y educativos externos, otros en la docencia a nivel superior. Pero todos de alguna manera aportan a la formación de nuevas generaciones de niños y jóvenes.

Saludamos a quienes desde la etapa preescolar nos dejaron su cariño y sabias enseñanzas, a los de la etapa escolar y secundaria sus vastos conocimientos y afecto sincero. Y también a los de educación superior que nos guiaron por buenos caminos. Siempre recordaremos a los mejores y a los de buenas actitudes, con tristeza y cierto enojo a quienes perjudicaron nuestra formación temprana. Pero todos dejaron huellas o moretones. Por ello su presencia en nuestras vidas marca una historia.

El maestro de escuela en estos tiempos está muy cuestionado, si bien es cierto hay debilidades en su formación, pero también hay debilidades en su ser persona como sus actitudes y práctica de valores. Eso es lo que marca la diferencia, asimismo su vocación de servicio permanente, su capacidad de emprendimiento, su actualización permanente, el liderazgo que imparte en la comunidad y su afán de investigador.

Hablemos de las fortalezas de los maestros que tienen un gran compromiso pedagógico en las aulas, los que permanentemente realizan proyectos de innovación, conversan y escuchan a sus alumnos, aplican las estrategias cognitivas y afectivas preocupados por lograr aprendizajes para la vida, quienes hacen posible que ninguno se quede sin aprender, los que en medio de dificultades y limitaciones brillan con luz propia y no están esperanzados en el apoyo de instituciones para cumplir su misión sagrada.

No es justo que le señalemos con el dedo acusador, o digamos en comentarios ligeros que si escogió esa carrera sabiendo que ganaba poco que se conforme con ello. Como sociedad tenemos que reconocer que tengan un salario digno y justo, valorar que la mitad de su vida la entregan para cuidar y hacer que las nuevas semillas de la humanidad tengan mejores oportunidades de desarrollo y realización.

El cuestionamiento tendríamos que hacernos todos, por nuestros silencios e indiferencias, oportunismos y beneficios de muchos que ahora que están de funcionarios se han olvidado que alguna vez fueron maestros de base, hoy no plantean propuestas de mejoramiento estratégico y menos construyen Proyectos Educativos Regionales pertinentes.

Estos días han iniciado una huelga nacional, pero que lamentablemente no tiene el espacio de escucha oportuna, dirigentes divididos, las dudas y miedos a muchos los inactiva, la presión del descuento o el desempleo. Hay tantos temas que en la cartera de educación deberían replantearse y debatirse. Pero lamentablemente siempre la mirada negativa será a los maestros como si sólo de ellos dependieran los presupuestos, las políticas educativas, las grandes decisiones que en los niveles más altos de gobierno se deciden y que vienen respaldados y condicionados por organismos internacionales.

Lo mucho o poco que un maestro de escuela pueda dejar en la mente y corazones de niños y jóvenes, será determinante; por ello habría que pensar también en ellos como va su salud integral, su práctica pedagógica, sus oportunidades de realización profesional y su capacidad para la gestión institucional.

Sin embargo cuestionamos a quienes siendo docentes no cumplen su misión como tales, los que aprovechan para beneficiarse personalmente, los que trabajan a espaldas y desligados de los padres de familia y comunidad; se coluden con funcionarios para beneficiarse de los pocos presupuestos que llegan para el mejoramiento de las escuelas. Los que han incurrido en abuso y maltrato escolar, no cumplen sus funciones para los que fueron formados.

De otra parte están los maestros de educación superior, de quienes se espera más, porque el sólo hecho de estar en el nivel superior de formación de profesionales es un gran reto y desafío; es allí donde se consolida la formación no sólo de ser profesional sino de ser persona. Contribuyendo a que los nuevos ciudadanos y profesionales sean líderes, emprendedores, buenos gestores y sobre todo personas dignas. Educar con el ejemplo y orientarlos en construir una nueva visión  de ser maestros comprometidos con el desarrollo humano y social.

Es ocasión en estas fechas de saludar con mucho respeto y admiración al maestro de escuela, a los maestros de educación superior y a los maestros en formación de universidades e institutos pedagógicos. Especialmente un abrazo a todos los maestros duranmartelianos que siguen aportando en la formación docente a nivel de la región. Otro saludo afectuoso a todos mis exalumnos duranmartelianos con quienes compartimos momentos inolvidables y que siempre estarán en mi mente y corazón. ¡¡¡VIVA EL MAESTRO PERUANO!!!