Teresa Chara de los Rios

Hace unos días el país días celebraba que el Tribunal Suizo suspendió la sanción de Paolo Guerrero  y por tanto jugará en el Mundial de Futbol Rusia 2018.

Pero casi al mismo tiempo, una noticia lamentable nos entristeció y nos llenó de indignación: la muerte de Eyvi Ágreda, una joven que fue victimada por un hombre, quien llevado por el odio al no ser correspondido, le roció combustible y le prendió fuego dentro de un bus. Pasaron treinta y ocho días en que estuvo sedada, intervenida quirúrgicamente, hasta que ya no resistió más y falleció. Eso duele.

Una muestra de falta de voluntad política desde el Estado y de políticas públicas ineficientes, es el caso de Arlette Contreras, quien fue golpeada y arrastrada del cabello por su expareja dentro de un hotel. Todos hemos visto horrorizados el video. Sin embargo, ella ha tenido que exponerse públicamente, asistir a cientos de entrevistas en los medios, repetir su historia muchas veces, con el fin de conseguir justicia, pero nada. Los magistrados de Ayacucho lo liberaron y hoy él está suelto feliz y contento.

Hasta ese momento qué hizo el Estado para protegerla, para acelerar el proceso judicial y para que los resultados la favorecieran a ella por ser la víctima? Muy poco. Ella reconoce que en medio de toda esta negra historia, haya podido salir con vida.

Como mujer guerrera y activista por la defensa de los derechos de la mujer, Arlette ha sido receptora del Premio Internacional de Mujeres con Coraje. Esto es una excepción. No a todas las mujeres víctimas de violencia le dan un premio ni mucho menos alcanzan justicia.

La mayoría vive con miedo, porque aún separada del agresor, teme que regrese en cualquier momento y la violente hasta quitarle la vida, mucho más, si ella lo denunció, como ocurrió en el caso de Elizabeth Fernández quien fue acuchillada por su expareja dentro de su centro laboral por no querer continuar con la relación y ante el acoso que sufría por él, lo denunció ante la Policía.

El fiscal de la Nación ha manifestado que no tiene presupuesto para capacitar a sus miembros en el tema de prevención y abordaje de la violencia. Sin embargo tiene gastos millonarios en consultorías. Lo peor, tampoco ha tenido la iniciativa de proponerlo y colocarlo dentro de su presupuesto institucional.

Escuchar en una entrevista a la ministra de la Mujer, no hace más que ratificar que desde el Estado no existe una verdadera voluntad política de acabar con el problema de violencia hacia la mujer.

Nuevamente se quiere conformar comisiones de trabajo para abordar esta problemática. Estamos cansadas de ver cómo los recursos del Estado no son empleados eficientemente. Hay programas que tímidamente abordan el tema y los recursos se van entre viáticos del personal, charlas y contratos millonarios en consultorías, que desde la percepción de la población, se hace para pagar favores políticos, por decir lo menos.

Sé que la Ministra de la Mujer tiene poco tiempo en ese cargo. Sin embargo, ella ha sido viceministra en varios periodos, es decir, diecisiete años, en que ha sido funcionaria y ha tenido poder político para promover políticas públicas que disminuyan la violencia hacia la mujer.

Uno de los factores de la violencia, como ella manifiesta, es el cambio de patrones socio culturales. Sabemos que esto no es de la noche a la mañana. Por eso siempre he sugerido que debemos empezar por los niños y niñas desde las escuelas.

Reconozco que no es un tema fácil, pues previamente hay que capacitar y sensibilizar a sus profesores y profesoras, y la experiencia nos demuestra que todavía la mayoría conserva la mentalidad machista. Pero esta es una de las estrategias por la que se debe empezar. Capacitar a los docentes, pero no desde planes y programas temporales, sino como política de Estado. Lo cierto es que sí estamos solas y en situación de vulnerabilidad.