Pbro. Juan López Díaz.

Después de ponerme ante la presencia de Dios, de escuchar tantas preguntas por aquí y por allá y de leer un sinfín de expresiones denigrantes contra Cristo y su Iglesia, sobre los escándalos en la Iglesia Católica, he visto por conveniente escribir estas líneas, sabiendo que esto y muchas cosas más, están trayendo consigo todo un plan maléfico de mucho tiempo, de la supuesta división y/o desaparición de la Iglesia Católica.

Lo que expreso es a nombre propio; en tal sentido, no pretendo de ninguna manera definir o decretar absolutamente NADA. Yo mismo les puedo fallar y puedo equivocarme en lo que voy a decir, solo soy un simple sacerdote católico, por lo cual me siento enormemente feliz y orgulloso de mi vocación y de servir a mi MADRE la Iglesia de Cristo.

La vocación sacerdotal es un llamado gratuito de Dios y no un derecho u obligación del candidato. El candidato al sacerdocio tiene largos años para reflexionar y prepararse, por lo que no es lícito hablar de obligación en el sentido de imposición forzada, sino que se trata de una opción voluntaria de la persona al acceder a su puesto eclesial. La Iglesia Católica, al implantar el celibato para quienes libremente eligen el sacerdocio, no es solo santa, es también sabia y prudente. El celibato sacerdotal no es una mutilación o una carga, una obligación o imposición, sino un don de Dios.Toda vocación en la Iglesia debe responder a la urgencia de predicar el Evangelio, pero los que hemos recibido este Don de Dios, estamos invitados por Él a dar esa respuesta de generosidad y entrega total a la Iglesia y a la Evangelización.

La pedofilia siempre será un horrendo crimen, y por ende un delito. Es algo inaceptable, pues es un pecado gravísimo, una ofensa a Dios y a la persona agraviada; urge reconocer la culpa, pedir perdón y reparar el daño causado. Así mismo, se ha de buscar por todos los medios posibles la solución inmediata a este problema. Se trata de un grave delito penado por la ley civil y por la Iglesia, ya que moralmente es inaceptable. Sin lugar a duda la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos y, sobre todo, de aquellos que fueron víctimas de la pedofilia.

Con la sinceridad y la humildad del caso, les pido perdón cuantas veces sean necesarias, en nombre de la Iglesia a la que pertenezco, por estos casos sucedidos. Amo y respeto a mi Madre la Iglesia. Reitero mi obediencia absoluta como mi entrega y fidelidad a Dios.

Ante esta situación, estoy profundamente avergonzado, dolido y preocupado. No soy el más indicado ni el designado para tratar este tema, pero siento el deseo y la necesidad de decir algo. Es fácil echar leña al fuego, pero no te olvides que TODOS podemos fallar. De ninguna manera pretendo minimizar ni mucho menos justificar esta atrocidad. Es un problema gravísimo que se da en todos los ámbitos de la sociedad. En este sentido, creo que no es bueno generalizar ni condenar a todos. Cada caso concreto es de la persona y NO ES JUSTO CRITICAR Y CONDENAR A TODOS. En tal sentido, sería injusto denigrar la inmensa labor que hace la Iglesia en su conjunto.

Hay muchos casos, en los que solo han buscado y siguen buscando desacreditar a la Iglesia Católica mediante la mentira, la calumnia, la distorsión y la burla. Es decir, hay algunos sacerdotes que son inocentes de tales acusaciones. Estoy completamente seguro que, al no poder hacer daño a la Iglesia por fuera, lo están logrando por dentro, metiendo gente solo para desacreditarla y mofarse de la Iglesia de Cristo, y esto SÍ, es obra del mismo demonio.

En algunas ocasiones, ante estas situaciones de abuso, no se supo dar una respuesta a la víctima y reparar el daño causado, en otras situaciones se ha obrado desde el silencio, ante el pedido de las víctimas que recurren a la justicia de la Iglesia, pero queriendo preservar su intimidad. En tal sentido, muchas veces el afán de mantener la reputación de una institución para evitar escándalos, por no limpiar la casa, siempre termina mal.

Una de las imágenes de la Iglesia es la Casa de Dios. A partir de esta imagen podemos afirmar que hay que limpiar la casa, sí limpiémosla, no como títeres ni tapahuecos, ni para hacer pisar el palito para echar la culpa a alguien o chantajeándolo, ni mucho menos como diplomáticos. Con humildad y espíritu fraterno, sabiendo que todos somos pecadores y empezando por mí, empecemos a limpiar la casa de raíz. Por eso, con humildad hago mías las palabras del entonces Cardenal Ratzinger cuando, en el Vía Crucis para el Viernes Santo del 2005 dijo: “¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!”

Quizás las acciones que se han tomado fueron insuficientes, pero la Iglesia ha tratado y trata de poner remedios urgentes para prevenir y sancionar la realidad de los abusos. Como no tener en cuenta la “Guía para comprender los procedimientos fundamentales de la Congregación para la Doctrina de la Fe cuando se trata de las acusaciones de abusos sexuales”. El PAPA San Juan Pablo II pidió perdón públicamente por todas las cosas cometidas por la iglesia. El PAPA Emérito Benedicto XVI redactó una Carta Pastoral a los católicos de Irlanda el 9 de marzo de 2010. El PAPA Francisco: El 6 de octubre de 2017 dijo: Esconder la realidad de los abusos sexuales es un error muy grave. El 28 de diciembre de 2017 a través de una Carta enviada a los Obispos del mundo, el Papa Francisco reafirmó que la Iglesia “llora con amargura” el pecado de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, y exhortó a los prelados a asumir la consigna de “tolerancia cero” e implementar “las medidas necesarias y proteger toda la vida de nuestros niños, para que tales crímenes no se repitan más”. El 27 de abril de 2018 el Papa Francisco se encontró con víctimas de abusos cometidos en Chile. El 20 de agosto de 2018 el Papa Francisco, ha escrito una Carta al Pueblo de Dios por el escándalo de abusos sexuales. El 12 de septiembre de 2018 el Papa Francisco ha convocado una reunión de los Presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo para hablar sobre la prevención de abusos a menores y a otras personas vulnerables en el seno de la Iglesia, esta reunión, será el 21 al 24 de febrero de 2019. La Congregación para la doctrina de la fe ha emitido una CARTA CIRCULAR el 3 de mayo de 2011: “Subsidio para las Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte del clero”. La Conferencia Episcopal Peruana, el 6 de junio de 2016 emitió las Líneas Guía para el procedimiento a seguir por los Obispos ante posibles casos de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Muchos Cardenales y Obispos también se han manifestado a través de sus homilías, documentos, normas y/o directrices reconociendo la gravedad y culpabilidad respecto a estos delitos cometidos por algunos miembros del clero. Concretamente en Huánuco, nuestro Obispo Mons. Neri Menor Vargas emitió las Normas para la protección de menores, el 13 de junio del 2018. Así mismo, innumerables sacerdotes se han pronunciado al respecto. Entonces, la Iglesia Católica está encarando clara y firmemente esta realidad dolorosa, buscando la verdad y actuando a favor de la justicia y apoyo a las víctimas. De hecho, ha habido varios casos, no solo denuncias o sacerdotes suspendidos, sino llevados al tribunal civil, y condenados a la cárcel. Muchos de los sacerdotes fueron condenados a 17, 25, 36 y 90 años de prisión, pagando su culpa. El 15 de junio de 2015 el Vaticano envió a juicio al ex nuncio en República Dominicana acusado de abusos sexuales. El 27 de octubre de 2015 condenaron a 35 años de prisión a un sacerdote que abusó a un menor en nuestro Perú. El 16 de marzo del 2018 el Vaticano condenó a un Obispo acusado de abusos sexuales.

¿Tiene que haber cambios profundos? CLARO QUE SÍ. Y no solo en este tema, sino en muchas cosas.  Es tiempo de DISCERNIR y tomar DECISIONES. Esto, de ninguna manera significa que Cristo se equivocó o instituyo mal su Iglesia. Simplemente, veo a la Iglesia Católica pasar la etapa como pasó su fundador: por su pasión. Una etapa muy dolorosa, pero de discernimiento y purificación, donde todo aparentemente todo terminará, pero sabemos que Cristo Resucito. En este sentido, anhelo gozosamente ese tiempo de resurrección de la Iglesia de Cristo.

Fácilmente nos podemos dar cuenta de que, en algunas de las notas informativas transmitidas de diversas formas por algunos medios de comunicación social, hay una manipulación de la información porque simplemente repiten lo dicho por otros, sin preocuparse de investigar la veracidad de sus fuentes y la comprobación de los hechos. Pero en la Iglesia Católica, hay muchísimos sacerdotes que hacen tanto bien, y de eso no se informa nada ni mucho menos son reconocidos. Es, pues, curioso la poca noticia y desinterés por muchísimos sacerdotes que dan su vida por millones de niños desprotegidos. Queridos amigos y hermanos: la verdad de todo esto es que jamás procuramos ser noticia, sino simplemente, anhelamos gozosamente llevar la Palabra de Dios, muchas veces cansados y enfermos, pero jamás desanimados. El sacerdote, como cualquier ser humano, tiene defectos y limitaciones, fragilidades y miserias. Pero a la vez hay en él bondad y cariño, humildad y entrega, sacrificio y fraternidad. ¿Alguna vez le has preguntado a tu párroco cómo está? y si está enfermo ¿Lo has ido a visitar para apoyarlo? ¿Has rezado por tu párroco? ¿Le has agradecido por toda es labor que viene realizando? ¿Sabes dónde está enterrado tu párroco?

Con todo lo mencionado, te pregunto: ¿Aún vale la pena ser católico? ¿En qué Iglesia creemos? ¿En un club de perfectos? ¿La Iglesia Católica es Santa? La Iglesia Católica es Santa, porque su fundador, sus medios y sus fines son SANTOS. Pero quienes formamos parte de la Iglesia Católica somos seres humanos, como cualquier otro ser humano. Entonces decir “Iglesia santa” no es afirmar que todos y cada uno de sus miembros sean santos e inmaculados. La santidad que permanecerá en la Iglesia Católica es la de Cristo y no la nuestra. ¿Acaso Jesús no llamó para que sean sus apóstoles a hombres pecadores? ¿Acaso Jesús no comió en la misma mesa con pecadores? ¿La Iglesia Católica no es la continuación del abrazo de Dios a la miseria humana? Pero, para sorpresa del mundo, Cristo prometió SU PRESENCIA (“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” Mt 28,20); SU ASISTENCIA (“Las puertas del infierno no prevalecerá contra ella.” Mt 16,18). No te olvides que al final el Corazón Inmaculado de María triunfará. Para esto, es importante hacer lo que Ella nos pide: rezar mucho y hacer penitencia, frecuentar los sacramentos y ser fieles a la Iglesia de Cristo. Después de esta pequeña reflexión, como a los Doce, hoy Jesús te pregunta: ¿También ustedes quieren irse? (Jn 6,67) ¿Te irás? o responderás como Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Si Tú tienes palabras de Vida eterna” (Jn 6,68) Si toda esta explicación es un error mío, les pido disculpas.

Y a ti amigo, que no compartimos la misma fe, quiero pedirte que no dejes de exigirnos a nosotros la coherencia del Evangelio, claro, tan solo te pido que lo expreses con ánimo de construir y no de destruir, con ánimo de dialogar y no de confrontar, buscando por el amor a la justicia y no por venganza, y ten presente que rezo por ti.

Y a mis hermanos en el sacerdocio: en nuestra soledad y desgaste, en nuestra enfermedad e incomprensión y en nuestro dolor y llanto, los animo a levantarnos y mantenernos unidos, porque Dios sabe todo el esfuerzo y sacrificio que muchos de ustedes hacen para anunciar el Evangelio y para mantenerse fieles a su ministerio sacerdotal. Alguien me dijo que justos pagan por pecadores, es la peor cachetada que he podido recibir de alguien que no esperaba. Aunque a algunos no les importa tu vida sacerdotal, me siento impulsado por cada uno de ustedes a repetir las palabras del Señor en el Apocalipsis: “Conozco tus obras, tu trabajo y tu paciencia” (Ap. 2,2). Debemos tener la seguridad de que Dios, a pesar de la realidad del mal y del pecado en la Iglesia, sigue actuando en nosotros derramando su gracia y bendición. Nuestra Madre, la mamita de Dios, sea nuestro auxilio y socorro.

Con mucho respeto y cariño les doy la bendición de Dios.

Tomayquichua, setiembre de 2018.

Nota: Agradezco y felicito al diario Página 3 por la difusión de artículo.