Yeferson Carhuamaca Robles

He sentido y proclamado

que huellas del morir hay

De las perlas del pasado un vestigio final,

No tengo más edades que la única que quedó después de mi muerte,

Mas

Hay temblores de muertos en mi mente

Bastión de espeluznantes recuerdos que,

sin ser antes olfateados, han caído a la sed del mundo

Y mi paso y pasado son vestigios en la hora

que por el río se va.

Sombra, la que navega…

No va un dolor a algún lugar de nadie

Las mechas de las estrellas se ocultan cual peces,

como peces a media luna, a media vida…

No cambia el viento en el lugar de los árboles, solo una rosa,

Solo un pequeño pañuelo azul, objetos de la muerte son.

Una taza de chocolate caliente en Navidad,

una mesa con una pata chueca tan vieja que hablaba en las horas del silencio,

en la cálida casita llamada hogar.

No cambia, no me deja vivir ni crear nuevos sueños, me deja vivido el haberte tenido,

Haberte tomado de la mano en aquel día de feria, de comidas y de un pequeño bote

En nuestra laguna de bríos y sendas soñadoras.

Ay, ay, ay… una canción existe en mi oído, de tamborcitos y pequeños rasgueos

Una guitarra.

Ay, ay, ay de mis días en caminos una sonata que me acariciaba

¿Me acompañas?

He sentido y proclamado

que huellas del morir hay