Entre el domingo y lunes la presidenta del partido político Fuerza Popular, que controla el Congreso de la República, Keiko Fujimori, ha ofrecido declaraciones a medios nacionales en la que —entre otras cosas— ha expresado su oposición a la reforma política planteada por el Ejecutivo que incluye la consulta a la población sobre la no reelección de congresistas, el financiamiento privado de partidos y campañas electorales y la bicameralidad (sin incrementar el número de miembros del Congreso).

Keiko ha decidido confrontar con el presidente de la República Martín Vizcarra. Y para hacerlo más notorio decidió revelar las reuniones que tuvo con Vizcarra y que —según el mandatario que salió de inmediato a responderle— fue ella misma quien pidió mantener en reserva las dos citas.

Esto parece ser solo el inicio de una escalada de confrontaciones. Keiko y Vizcarra parecen estar marcando territorio.

Mientras la lideresa de Fuerza Popular ha optado por una posición de no escuchar el clamor ciudadano bajo su lógica mesiánica de que “la política no es un concurso de simpatía. Para mí es dar las ideas que yo siento”. El presidente de la República ha optado por sintonizar con la población y buscar su respaldo.

El territorio está marcado, suenan los tambores de guerra en el Ejecutivo y Legislativo, ¿cuál será el costo?