Dra. Amarilis Domínguez Palpa

Cada 25 de noviembre  de cada año se recuerda el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer; lo vengo escuchando desde hace 25 años; nada ha cambiado al contrario se ha incrementado la violencia y el feminicidio, existen cifras alarmantes por ejemplo lo que reporta el Ministerio de la Mujer en 2017 hubieron 81,009 víctimas de maltrato físico, psicológico y sexual. Se reporta que a nivel de latinoamerica ocupamos los últimos lugares en defensa de los derechos de la mujer.

Según los datos de la Comisión de Justicia de Género del Poder Judicial se observa que desde enero del 2015 a octubre del 2018  en Huánuco distrito judicial se ha registrado 162 casos de feminicidio, 1052 casos de violación sexual; siendo el más alto en relación a los demás lugares seguido de Arequipa, Lima, La Libertad y otros.

Mientras las estadísticas aumentan; la vida, salud y bienestar de cientos y miles de mujeres y niñas en el mundo son vulnerables y están en riesgo. Cuando la sociedad y las comunidades debieran desarrollar una cultura de protección de la especie humana, particularmente del género femenino que da vida, la mujer ser considerada como un patrimonio vivo de nuestra humanidad.

Entonces todos los gobiernos y políticas públicas trabajarían por invertir y desarrollar proyectos por garantizar el cuidado, trato amable y respeto digno de las mujeres y las niñas; y no pretendiendo solo disminuir cifras de violencia hacia la mujer cada año.

Resulta sorprendente cómo en espacios de confianza y seguridad ocurran estas cosas contra las mujeres y niñas; en el seno familiar los padres o familiares en quienes se confía el cuidado y educación de los hijos, porque son sangre de su sangre. La familia es el lugar donde el fortalecimiento de las relaciones de pareja debe consolidarse pese a las adversidades de la vida, ocurran hechos muy lamentables. La pareja que comparte una relación que en un inicio fue por amor o afecto termine en una ruptua violenta, atentando contra la vida y salud principalmente de mujeres y niñas. La escuela otro espacio de confianza donde creemos que los educadores son el ejemplo y la fortaleza para confiar la educación de niños y jóvenes ocurran acciones de violencia sexual, acoso sexual, violencia física entre otros.  Así mismo la Iglesia que se creía un espacio de confianza estos últimos tiempos haya sorprendido al mundo con muchos casos de violencia y violaciones a menores de edad no solo varones.

En fin entonces nos queda seguir formando toda una cultura de protección y prevención por la salud, seguridad y bienestar de las mujeres y niñas del mundo. Los actos punitivos por sí solos no van a disminuir estos hechos de violencia, se necesita educar y reeducar a la población en estos temas y demostrando practicas sinceras de respeto a los derechos de mujeres y niñas desde las altas esferas del gobierno y articulando esfuerzos interdisciplinarios e intersectoriales. Trabajar por mejores condiciones de vida y oportunidades de desarrollo socio-económico, que no provoque actos de desesperanza en las familias, parejas y comunidad.

“Nos queda seguir formando toda una cultura de protección y prevención por la salud, seguridad y bienestar de las mujeres y niñas del mundo”