La misma noche que el juez Iván Aguirre le dictó prisión preventiva por 9 meses, Trinit Bautista Rosas regresó al penal de Potracancha de donde había salido tan solo diez meses antes y donde permanecería hasta el final de sus días por matar a su expareja y madre de su hijo de 4 años de edad, Damaris Rojas Suárez.

El mototaxista de 27 años de edad enfrentará desde el penal dos procesos, el primero por el delito de violación de persona en estado de inconsciencia  o en la imposibilidad de resistir,  en grado de tentativa, en agravio de Damaris, y exposición a peligro o abandono de personas en peligro, en agravio de su menor hijo, hechos ocurridos en el años 2018.

El segundo caso es el secuestro con consecuencia de muerte. Por este delito, Bautista Rosas podría ser condenado a la pena de cadena perpetua.

Trinit le ha confesado a las autoridades su crimen que trató de justificar indicando que no tuvo intenciones de matar a la madre de su hijo, menos que lo planeó.

“Se me pasó la mano”,  dijo a las autoridades, pero sin mostrar arrepentimiento, ni siquiera al momento de reconstruir su asesinato se afligió.

La noche del 1 de setiembre, Trinit llevó a Damaris inconsciente a la casa que tenía alquilada en Colpa Baja, tras darle una gaseosa con el somnífero Diazepam.

Dijo que lo hizo con la finalidad de que se durmiera para poder revisar su celular y saber con quién la “engañaba”.

Dijo que le tomó una foto en la cama para mostrarla al varón que según él acosaba a Damaris.

Y entonces desde el celular de ella empezó a escribir usando la red social Messenger a quien supuestamente era el “acosador” de su esposa, citándolo a inmediaciones del local del Colegio de Abogado en Colpa Baja que está al frente de la vivienda donde tenía a Damaris.

Sin embargo el mototaxista descubriría que a quien escribió y citó al Colegio de Abogados no era ningún “acosador” ni “amante” de Damaris, sino su hermano Alfredo.

Todo hace presumir que para entonces ya había golpeado a Damaris en la cabeza con un fierro y luego arrojado el cuerpo a un pozo donde infructuosamente trató de quemarlo arrojando un colchón prendido. Finalmente cubrió el cuerpo con llantas, piedras y tierra.

A partir de los mensajes que Trinit envió a Alfredo y a Richard, otro hermano de Damaris, empezaron a buscarla y a sospechar que él la tenía secuestrada. Durante trece días buscaron a ambos, hasta que lo encontraron cuando abastecía de combustible a su trimóvil en un grifo para —según él mismo ha dicho— escapar de Huánuco.

Ante las autoridades confesó que había matado a Damaris por celos y que arrojó el cuerpo al pozo de la casa sin agua, de donde sacaron el cadáver.

TRINIT: “Llegó un mensaje WhatsApp, ella se puso nerviosa y no mostró el mensaje. Le dije qué pasa, por qué no muestras, qué escondes. Ese pata que te está escribiendo ¿es el que quiere estar contigo?, ¿no que le habías puesto su parche? Ella me dijo: No, no es él… Le seguí reclamando furioso y ella seguía negando y me dio dos cachetadas y me dijo que soy el mismo que entró a al cárcel, que no debí salir de ahí. Eso me enojó y la empujé contra la pared dos veces, la segunda vez cae y cuando quiere levantarse cogí un fierro y la golpee en la nuca varias veces con toda mi fuerza e ira. Ahí quedó tendida y yo asustado la cubrí con una colcha y la arrojé al pozo”.