Germán Vargas Farías

Hace un año, ¿pudo usted imaginar que el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski dejaría de serlo casi tres meses después, que Keiko Fujimori sería encarcelada luego que el Poder Judicial dictase 36 meses de detención preventiva contra ella, y que Alan García sería protagonista de un intento vergonzoso y fallido de fuga, y obligado a quedarse en el país para rendir cuentas ante la justicia?

¿Pudo alguien vaticinar que tres de los políticos más poderosos del año 2017, terminarían el siguiente año expuestos en su mezquindad y nadería?

Hace un año, ¿pudo usted imaginar que el papa Francisco nombraría cardenal al obispo Pedro Barreto, defensor del medio ambiente y en las antípodas de Juan Luis Cipriani, otro de los personajes con mayor poder e influencia en el país?

¿Pudo usted imaginar que un personajillo como el pastor Alberto Santana que, mientras maltrataba a jóvenes mujeres de su congregación, hacía alarde de su poder y moralidad, como varios otros de los líderes de esa secta política religiosa denominada con mis hijos no te metas, sería descubierto como uno de esos que Jesús llamó sepulcros blanqueados?

Hace un año, ¿pudo usted imaginar que después de haber conocido la procacidad de la cúpula central del fujimorismo, revelada en el grupo de chat “mototaxi”, más de un año después la corroboraría en el chat “la botica”, y que cuando Pier Figari hablaba de un  gran equipazo, o Héctor Becerril se enorgullecía de ser parte de una fuerza invencible, se podían estar refiriendo, en realidad, a lo que en las investigaciones se está revelando como una organización criminal enquistada en el partido fujimorista?

¿Pudo usted imaginar la afonía de otrora lenguaraces como Galarreta, la discreción de Tubino, o la retirada de Letona?

Hace un año, ¿podía usted imaginar que Castañeda Lossio concluiría su gestión en  la Municipalidad de Lima sin pena ni gloria, mostrando su vulgaridad y malas maneras, habiendo fracasado en su pretensión de legarnos a su hijo, y con una alta desaprobación ciudadana?

La relación de hechos o situaciones que han ocurrido el 2018, y que podrían haberse considerado imposibles al empezar el año, puede seguir, solo he anotado algunos de los más relevantes para mostrar que lo insólito siendo un rasgo de la política peruana, puede serlo de nuestro país en general.

Tengámoslo presente cuando hagamos un balance del año. Han ocurrido cosas buenas en el país. Hoy se advierte un hartazgo hacia la corrupción y una nueva afección por la democracia que es realmente saludable y puede augurar tiempos mejores para todas y todos. Han caído poderosos atrapados en su propia corrupción, pero también por la atención de una ciudadanía que parece reconocer que no puede perder esta nueva oportunidad, y que exige reformas cimentadas sobre la dignidad y la justicia.

Al inaugurar el nuevo año podemos celebrar los avances en esa perspectiva, pero habrá que comprometernos más para que fenezca esa forma de hacer política que representan individuos como los nombrados en esta nota. Puede celebrar que García no tenga embajada de ningún país decente que le crea y acoja, que Cipriani dejará de ser arzobispo de Lima, que Castañeda se irá de la municipalidad para aburrir a los que se dejen, que la cúpula fujimorista seguirá siendo investigada, y celebre todo lo que no se imaginó hace un año, pero ahora siente y percibe como alentador.

Pero conviene celebrar con moderación. La mafia está golpeada, más no derrotada. Aún hay muchas batallas por dar, y depende de nosotros que hacer de la siguiente una celebración mejor.

“Hoy se advierte un hartazgo hacia la corrupción y una nueva afección por la democracia que es realmente saludable”