Germán Vargas Farías

Ha hecho bien el presidente Martín Vizcarra al rechazar cualquier intervención militar en Venezuela ante la crisis política, económica y humanitaria que atraviesa. El repudio a la dictadura de Nicolás Maduro no significa aprobar ninguna pretensión guerrerista sea cual fuere su procedencia, cuyo efecto, sin duda, sería agravar la ya espinosa situación.

“¿Quién somos nosotros para imponerle a Venezuela un gobierno u otro?”, dijo hace algunos días el congresista Hernando Cevallos, vocero alterno de la bancada de Frente Amplio, al cuestionar la decisión del gobierno peruano de no reconocer a Maduro y respaldar a Juan Guaidó, como presidente encargado.

Reconocer la legitimidad de Guaidó no es imposición. Para Rubén Blades, “a Venezuela no le quedaba otro recurso para recobrar la institucionalidad que el iniciado por Juan Guaidó con la intención de ofrecer al país la opción de otra dirección que permita restaurar el principio de la democracia y así rescatar a la nación del desastre a la que la han llevado la obstinación, la mediocridad y la codicia de unos sinvergüenzas disfrazados de socialistas, comandados por Nicolás Maduro”.

Pese a decir que no lo defienden, la posición de un sector de la izquierda peruana de negar o minimizar las violaciones a los derechos humanos perpetradas por Nicolás Maduro es vergonzosa. Les haría bien escuchar voces como las de Blades, o la del ex presidente uruguayo, José Mujica.

Dice “Pepe” Mujica que lo que pasa en Venezuela le hace daño a la izquierda, y que una parte de esta en Latinoamérica y en el mundo no aprende las lecciones de la historia. Si la izquierda peruana, casi unánimemente partícipe en la lucha contra la dictadura fujimontesinista, actuara coherentemente tratándose de Venezuela, y también de Nicaragua, conservaría y hasta acrecentaría su legitimidad. Al no hacerlo le permite al fujimorismo y a otros grupos reaccionarios de nuestro país, aparentar un afecto por la democracia que nunca han tenido.

Y se puede rechazar cualquier plan de intervención militar en Venezuela caracterizando además a Maduro como lo que es, un vulgar dictador. Rubén Blades no duda en llamarle así, y dice que Nicolás Maduro tiene más pasado que futuro. Mujica y Blades, desde sectores progresistas de América Latina, advierten sobre el riesgo de una guerra en Venezuela, e indican que la forma de evitarla es con elecciones generales verdaderamente libres.

Ser de izquierda aquí y en cualquier parte debería significar apuesta y compromiso pleno por la vigencia de los derechos humanos, y de rechazo a todo lo que amenace o afecte la dignidad de las personas. Ser de izquierda es rechazar a Trump y Bolsonaro, con la misma energía que se repudia a Maduro y Ortega-Murillo. Es repulsivo que en nombre de una supuesta revolución, se pretenda justificar el crimen y cualquier tipo de injusticia. Conocemos esa farsa, Sendero Luminoso fue uno de los que la representó, y cruentamente, en nuestro país.