Contrariamente al espíritu reflexivo y de recogimiento de la Semana Santa, el de este año ha estado marcado por hechos de sangre en el departamento de Huánuco.

La comunidad cristiana conmemora en Semana Santa la vida, pasión y muerte de Jesucristo. Desde los altares de la iglesia Católica se llama a los fieles a la oración, al recogimiento a emular la vida de aquél Hombre que proclamó y enseñó con el ejemplo el amor al prójimo. El mensaje no es distinto en las iglesias protestantes que también recuerdan el sacrificio de Jesús por la humanidad.

Sin embargo esos mensajes han estado muy lejos de algunos que han teñido de sangre los días de fiesta religiosa, llenado de dolor y tristeza a muchas familias y han enlutado hogares en Huánuco.

Y en el mundo ha estado la tensión por una escalada bélica entre Estados Unidos y Corea del Norte, que podría desencadenar la tercera guerra mundial.

Más allá de la fe, más allá de la creencia de cada uno, lo cierto y tangible es que asistimos a una peligrosa escalada de violencia que hay que enfrentarla desde la fe y la ciencia.

Ha sido un fin de semana violento y sangriento que plantea nuevamente la urgencia de abordar el problema no solo desde el punto de vista represivo, sino social, desde la articulación, desde la salud mental que muy poco se atiende.